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miércoles, 8 de mayo de 2019
Secretos. Jerónimo Tristante
"La hermana Beatriz corre a lo largo del oscuro pasillo. Al fondo, una grieta que arroja luz le marca el camino hacia la cocina. Entra a toda prisa y baja el interruptor".
Los premios me atraen, lo reconozco. Unas veces me gustan y otras no, pero termino por acudir a ellos, máxime si, como es el caso, ya conozco las letras del ganador. Hoy traigo a mi estatería virtual, Secretos.
Nos trasladamos a Los cipreses, una urbanización de nivel medio/alto de Murcia. Allí vive Ana, abogada, junto a su marido Javier y sus dos hijas. Es un vecindario perfecto con setos iguales, coches limpios y vecinos sonrientes en el que parecen no entrar las miserias diarias de las calles comunes. Entonces llega una nueva vecina llamada Helen y, como si fuera portadora de algún viento nocivo, las cosas en Los cipreses empiezan a complicarse.
Desde Salem's Lot hasta Mujeres desesperadas pasando por Personal Vacancy, las historias de pueblos o vecindarios reducidos ya sean pueblos o urbanizaciones, han sido algo habitual en literatura y televisión. Los cotilleos, las apariencias y las camas son una fuente de entretenimiento tan habitual, que incluso en la vida real llenan parrillas televisivas y ese parece ser el camino elegido por Tristante, al que yo conocía por sus estupendas novelas protagonizadas por Víctor Ross.
En esta ocasión y tras un desconcertante primer capítulo que despertó mi interés, Tristante se queda en 2015 para contarnos la vida de un vecindario y cómo se ve alterado por la llegada de una vecina. La novela asume el papel critico contra las apariencias y coloca a un personaje malvado que se dedica a destapar los fingimientos vecinales sin convertirla por ello en heroína. Es más, ya en las primeras páginas la coloca disfrazada y hace que se autodefina como malvada. De hecho, Tristante simplifica la trama hasta convertirla en una suerte de comadreo vecinal orquestado con algún motivo concreto que el lector no alcanza a adivinar, casi ni al terminar el libro. No significa esto que no lo explique, pero explicar algo no significa que sea suficiente o válido y en esta novela he encontrado muchos puntos que me pedían no plantearme los motivos y seguir adelante. Los personajes, desprovistos de complejidades, se dejan manejar por el escritor y por el narrador, por otros personajes y casi por cualquiera que hable con ellos, consiguiendo que nos planteemos si no estamos en un patio escolar y no en una zona residencial. La homogeneidad en la narración ya sea en los tonos o en las apreciaciones del narrador que a veces parecen salidas de la boca del personaje que estuviera hablando en ese momento, confieren a la obra un tono de teleserie que es imposible de obviar para el lector. De hecho, si tuviera que describir esta novela en una sola palabra, esta sería superficial.
El libro busca la lectura ágil, el entretenimiento fácil, y cierto es que toca muchos temas, no se para un momento en descripciones y no complica la vida al lector, pero, en mi caso, me he quedado con la sensación de parloteo. Sinceramente, esperaba más. Secretos se ha quedado muy corta.
Comenzaba hoy hablando de los premios literarios y de la poca garantía que suponen para el lector a la hora de elegir su próxima lectura. De hecho no hay más que echar un vistazo a la lista de los otorgados en lo que va de año para comprender estas dudas. Y vosotros, ¿os fijáis de los premios literarios como para elegir lecturas en función a ellos?
Gracias.
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jueves, 27 de octubre de 2016
Sombras de agua. Félix G. Modroño
"Nada puede vencer a una maldición amparada en creencias divinas. Y la desaparición de una reliquia sagrada solo podía significar un futuro lleno de desgracias. Fernando de Zúñiga lo sabía bien, aunque su escepticismo le impedía compartir la zozobra que a buen seguro se apoderaría de los valencianos en cuanto se corriera la noticia por los mentideros de la ciudad,"
Hace ya unos cuantos años que descubrí las letras de Félix G. Modroño, y es cierto que desde entonces he sido puntual a las citas en la librería con cada una de sus novelas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Sombras de agua.
Estamos en invierno del año 1684 y el doctor Zúñiga parte desde la ciudad de Valencia hacia Venecia con una misión importante acompañado por su fiel Pelayo. Sin embargo, al llegar allí el dux le hace llamar poniéndole al corriente de un misterioso mensaje que amenaza a una ciudad inmersa en esos momentos en una importante reunión, contando para esta misión con la ayuda de una carismática mujer llamada Elena Corner. Poco sabe Zúñiga en ese momento que el propio dux será el primero de una serie de muertes que tendrá que investigar.
Sombras de agua es la tercera entrega de las novelas protagonizadas por Don Fernando de Zúñiga y, aunque no es necesario haber leído las anteriores para llegar a esta, ya que todas comienzan y concluyen la historia en los títulos, si que es un placer ver como un personaje crece a medida que el autor avanza con él. En esta ocasión, el autor nos lleva de viaje desde Valencia hasta Venecia en una época perfecta para desplegar esa narración basada en ambientes, gestos, vocabulario y sensaciones a las que nos tiene acostumbrados, tanto en la presente serie como en sus novelas independientes.
Zúñiga viaja acompañado de su inseparable Pelayo para cumplir una misión y se encuentra con problemas desde su llegada a Valencia, lugar en el que se produce un robo amén de un altercado en la plaza que, pronto descubriremos, tendrá una íntima relación con la historia. A partir de aquí, el autor hace gala de las virtudes a las que tiene acostumbrados a sus lectores habituales, consiguiendo que la ambientación, y particularmente la ciudad en la que la historia se desarrolla, se convierta en uno más de los personajes. Y es que para Modroño, la fusión entre lo histórico y la trama de misterio, el thriller, viene siendo un sello habitual, y será en este caso la ciudad de Venecia en la que vayamos descubriendo el rastro de muerte que deberá ser atajado por el doctor Zúñiga. Nos muestra una ciudad que parece debatirse entre reuniones científicas y tradiciones vestidas de carnaval , convertida en una suerte de mágico lugar lleno de música que se esconde a ratos en sus famosas nieblas. Una ciudad reconocible para quienes la hayan visitado y deseable para cualquier lector, en la que, además, nos presenta a Elena Corner, un personaje realmente fascinante que nos permitirá conocer un poco mejor a Don Fernando de Zúñiga. Y es que esta es una novela de personajes que arrastran al lector por una interesante época que el autor sabe plasmar basándose más en pequeños detalles, que en grandilocuentes descripciones, ya que su prosa se caracteriza precisamente por eso, por esa aparente sencillez que facilita la lectura y que puede hacer pasar desapercibido al lector todo el trabajo y documentación necesarios para lograrlo.
Tras La sangre de los crucificados y Muerte dulce y con unos protagonistas si cabe más humanos aún, el autor nos ofrece en esta tercera novela autoconclusiva al igual que los anteriores, la opción de un viaje en el tiempo con una trama solvente y sin fisuras que he disfrutado desde las primeras páginas. Una trama lineal con una buena resolución y una novela para sumergirnos en esos universos que parece convertir en únicos la pluma del autor y que tanto suelen gustarnos a los lectores, por eso de sentirlos nuestros, unas cuantas tardes. Y, si pensáis acercaros al personaje, recordad que también se puede empezar por aquí.
Hoy recordaba, o presentaba seguramente para muchos, a un personaje que protagoniza varios títulos, por eso os pregunto, ¿recordáis con un cariño o entusiasmo particular al protagonista de alguna serie, saga o similar que queráis compartir?
Gracias.
PD: El booktrailer
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martes, 22 de marzo de 2016
Huyendo de mí. Salvador Navarro
"Una noche más los argumentos de Carmela llevaron a Leo a convencerse de que su vida era redonda, a pesar de los tremendos reveses en el estudio y las caricias esquivas de ella al llegar a casa, y se vio, tras una maratoniana jornada de trabajo, paseándose a solas una noche helada camio de la galería de Rodolfo; todo ello por no faltar al compromiso de su mujer, que una jaqueca le impedía cumplir, de acompañar a su amigo al cóctel de apertura de la exposición de Julien Schöll, el artista fetiche del galerista."
Al igual que ayer, este libro tiene una cubierta que me llamó la atención. Pero esta vez porque tiene algo de intranquilizador que no sería capaz de definir. Hoy traigo a mi estantería virtual, Huyendo de mí.
Conocemos a Leo, un arquitecto sevillano con un estudio de arquitectura con un socio y amigo, una familia compuesta por su mujer y su hija y una vida aparentemente estupenda. Sin embargo todo eso es fachada ya que se irá desmoronando a partir de los sucesos que le rodean y que comienzan con la aparición de un amor adolescente, Virginia.
Huyendo de mí es una novela de vida. Un hombre en la cuarentena, la crisis de seguridad que eso provoca en una persona que por antecedentes se ve insegura y que tiene una relación con su mujer basada más en lo que recibe, en una suerte de amparo tranquilizador pero que ahora parece resultrle insuficiente y un trabajo que se ve afectado por esa segunda crisis económica que vivimos en la calle. Con este punto de arranque y el encuentro con un amor adolescente que parece insuflarle, no vida, pero si sangre en las venas al protagonista, Salvador construye toda una novela en la que el pasado, los miedos y algún que otro secreto serán las claves principales.
Lo primero que llama la atención es que el autor no necesita tirar de una gran trama de intrigas para conseguir que apeteza seguir leyendo su historia. Una novela que se construye sobre una suerte de sentimientos cotidianos y confidencias entre café que, si bien en algún momento se ve lastrada por frases demasiado largas, mantiene un ritmo fácil de seguir hasta el final. Los personajes se van desarrollando poco a poco y el lector se familiariza con facilidad con todos ellos, algo muy de agradecer, y va descubriendo que los secundarios también pueden ser vitales.
Me ha gustado, y cogido desprevenida, una suerte de juego que el autor se trae con el lector al incluir determinadas escenas que nos hacen pararnos un momento a pensar. Dentro de unos personajes tan comunes, ha sabido introducir en los momentos adecuados esa nota discordante que hacen que un libro tenga una marca propia.
Caso a parte son las descripciones en las que nos deja pasear por las ciudades que van recorriendo en la historia y casi saborear literalmente muchos de los momentos vividos. Por otra parte, tienen mucha importancia también los perfiles, destacando en este caso el de Leo, protagonista absoluto de la novela que, si bien no llega a ser nunca el favorito del lector, si que es capaz de conseguir que comprendamos esa suerte de protección que parece darle su mujer. Me ha parecido, y con mucho,k de los más logrados de la novela por esa variedad de sensaciones que me he descubierto durante la lectura.
Huyendo de mí es una novela aparentemente sencilla en la que no hay que fiarse de las apariencias, con un final apto para una larga conversación, cuyo descubhrimiento casi por azar ha resultado un placer. Tendré que seguir la pista al autor, qué duda cabe.
Y vosotros, ¿sois de los que os gusta sentir el suelo bajo los pies de los protagonistas o no le prestáis atención al lugar en el que transcurren las historias?
Gracias
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