Mostrando entradas con la etiqueta salamandra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salamandra. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de julio de 2023

Los misterios de la taberna Kamogawa. Hisashi Kashiwai

 


     "El viento frío hacía volar la hojarasca y Hideji Kuboyama se levantó instintivamente el cuello del abrigo. El templo Higashi Hongan-ji, uno de los símbolos de Kioto, se erguía a su espalda. 

      «El famoso viento Hiei-oroshi», pensó frunciendo el ceño mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde".

     Los libros orientales están de moda. Ya sea la autoría, la ambientación, el caso es que es una moda que lleva varios años sobre las mesas de las librerías. Y así, por una moda, es como me regalaron el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Los misterios de la taberna Kamogawa.

     Conocemos a Komogawa y a su padre Nagare. Ambos tienen una taberna escondida que siempre tiene clientela y es que, más allá de servir comida, su labor es la de detectives gastronómicos. Con los datos que los clientes les pueden dar, investigan hasta dar con el plato adecuado que perdieron en la memoria pero cuyo sabor anhelan.

     Estamos ante una novela corta y de corte amable protagonizada por una joven y su padre, ex detective clásico, en la que el principal aliciente es la originalidad, la musicalidad y la ambientación marcada por recuerdos, imágenes y sabores. No vamos a encontrar hechos delictivos, no es un cozy crime en el que una muerte nos asombra a la mesa de la taberna, no. Sin historias pequeñas que no buscan sorprender al lector pero si envolverlo de un halo casi mágico para proporcionar un ambiente confortable que deje un buen sabor de boca.

     Cada capítulo es un caso, una excusa para adentrarnos en la relación padre e hija, en la vida del cliente y buscar su recuerdo mientras la receta de "la eterna magdalena de Proust" se busca y recrea. Y por qué digo eterna, pues porque es la dinámica de la narración que se repite a lo largo de la novela pero que no llega a aburrir gracias a una extensión medida que consta de las páginas justas como para conservar las sensaciones positivas sin que se vean empañadas por la desidia de la repetición, puesto que con algo menos de 200 páginas puede dar clientes diferentes sin caer tampoco en excentricidades.

     No diré que Los misterios de la taberna Kamogawa sea un novelón, pero sí que es un libro de agradable lectura y poso. Una opción ligera para el verano que deja una buena sensación en el cuerpo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de abril de 2023

Lucha y metamorfosis de una mujer. Edouard Louis


     "Todo empezó con una foto. No sabía que existía ni que la tenía yo; ¿quién me la dio, y cuándo? 
      Se la hizo ella misma el día que cumplió veinte años. Supongo que sostuvo la cámara al revés para enfocar su propio rostro. En esos tiempos aún no existían los móviles, y no a todo el mundo se le ocurría fotografiarse a sí mismo".

     Al igual que muchos conocí a Edouard Louis con su novela Para acabar con Eddy Bellegueule y desde entonces he seguido más o menos su trayectoria literaria. Hoy traigo a mi estantería virtual. Lucha y metamorfosis de una mujer.

     La última novela de Louis habla, como no podía ser de otro modo, de su vida. O quizás debiera decir en esta ocasión que habla de la vida de su madre. Nos habla de una mujer de que proviene de una familia difícil, con un embarazo prematuro (del hermano mayor del autor) de un hijo que será violento entre otras desvirtudes, avanza un matrimonio que permanece unido por los hijos (él incluido), un marido violento, pobreza y casi cualquier otra cosa que uno pudiera más o menos imaginar para que esa mujer tuviera una vida extremadamente complicada. Y tras todo eso y superados los 40, llega la metamorfosis.

     Vaya por delante que asumo totalmente mi culpa respecto a las sensaciones que me ha provocado este libro y es que, en realidad, me gustaría que el autor comenzara a escribir lejos de su propia persona. Mi primer acercamiento fue sufrido y disfrutado, su vida fue expuesta y utilizada como arma para mostrar una realidad que lo había rodeado durante su corta vida. Pero el tiempo pasa y ya sabemos de su padre, su madre y mucho me temo que llegaremos a conocer también la historia de, al menos, su hermano mayor. No digo que haya que ocultar la historia propia, ese no ha sido mi mayor problema con este título. El problema real ha sido la simplicidad. Louis escribe una historia sencilla que se llena de clichés, que ya sé que existen por un motivo, en la que no profundiza ni siquiera cuando se centra en el tema de la metamorfosis. Banaliza en la medida que apresura el clímax de la historia y es que a mi no me vale un 'pues ya estaría', una reconciliación basada en unas normas que parecen más las que él necesita que se cumplan para aceptar y una serie de encuentros más o menos esporádicos que perduran en el tiempo. Sin embargo, aquí de lo que hablamos es de la novela. Louis opta por generalizar una división de clases que viene a ser algo así como que los pobres piensan menos y beben y son violentos y luego están los que viven mejor y socializan de otro modo, leen y son correctos. Y realiza una exposición simple que, lejos de potenciar lo que narra, deja al lector con la sensación de estar ante una narración escolar. 
     Al final y tras leer varios de sus títulos tengo la sensación de estar ante una suerte de autoayuda para el propio autor en lugar de aportarme una historia que me hiciera reflexionar y, ya puestos a pedir, sentir sus palabras.

     Lucha y metamorfosis de una mujer es una novela cuya mejor parte es el título pero, como he comenzado diciendo, esta es solamente una opinión y de hecho me encantaría ver opiniones contrarias ya que de ese modo la lectura se abre a otras perspectivas que, quizás, cambiaran la mía de alguna manera.

     Y vosotros, ¿sois de discutir sobre lecturas con otros lectores?

     Gracias.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

La autopista Lincoln. Amor Towles

 


     "El trabajo desde Salina hasta Morgen había durado tres horas y Emmett no había dicho ni una palabra durante todo el camino".

     Cuando uno disfruta de un libro tanto como yo del anterior título de Towles, se lanza a por el siguiente sin leer ni la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, La autopista Lincoln.

     Conocemos a Emmett Watson, corren los años 50 y su vida no ha sido nada fácil. Por un lado sufrió acoso y además acabó con la vida de su acosador. Eso le supuso un castigo, y ha estado en una granja de trabajo de la que acaba de salir. Así se encuentra con su hermano pequeño Billy, ansioso por empezar un viaje que les llevaría a ambos junto a su madre y que para él parece representar una suerte de Odisea. Dispuestos para el viaje, no tardan en aparecer Duchess y Woolly y su viaje en busca de una nueva vida se convertirá en una suerte de Odisea hacia Nueva York, donde tienen un plan.

     Si en Un caballero en Moscú el protagonista nos e movía del hotel, en La autopista Lincoln de lo que se trata es de un doble viaje: por un lado está el viaje por carretera, importantísimo, y por otro el viaje vital del crecimiento. Contada desde diferentes puntos de vista, Towles no desaprovecha su historia de formación para dejar pequeñas reflexiones, como ya hiciera en su anterior novela, solo que en esta ocasión son más de calle, casi de autoayuda. Llena de personajes que aparecen y desaparecen, voy a optar por no ser original y quedarme con Ulises, el hombre que viaja sin su familia, y es que ya desde las primeras páginas somos conscientes del trabajo de construcción que requiere esta novela llena de detalles. Los cambios de vista, de tono e incluso de persona, dan como resultado una narración efectiva con un coro de voces con distintas historias y valores que son recibidos por un niño que aún no sabe en qué se convertirá, aunque tenga cada vez más claro en quién no.

     Para ello el autor utiliza la autopista Lincoln, una de las más emblemáticas del país, dejando claro que hay todo un homenaje a los viajes en carretera, tan populares recorriendo el territorio como utilizados en la literatura para narrar historias. Y es que si seguimos buscando la novela americana, no cabe duda de que habrá un viaje largo en carretera. Frente al confinamiento de su novela anterior, es casi abrumador percibir en este caso el viaje, el paisaje, los encuentros improvisados y las diferentes historias que surgen durante el camino y, sobre todo, hacerlo reconociendo los pequeños gestos y guiños de la prosa del autor. Y así es como acabamos ante una historia de historias, con un personaje que creía tener una ruta pero que ha cambiado, otro que busca a su familia, un tercero que acaba conociendo a Ulises y Duchess, que es un personaje merecedor de toda una historia.

     La autopista Lincoln es una novela que he disfrutado página a página recogiendo cada detalles de cada historia, viviendo uno de esos viajes que estaban de moda en las películas y libros hace unos años tal como Keourac nos dijo y que Towles recuerda recorriendo paso a paso. Desde luego, si sigue este camino, será un autor que haga pequeños homenajes a puntos literarios que fueron en algún momento clásicos. Y merecerá la pena seguir leyéndolo.

     Y vosotros, ¿también anotáis los nombres de los escritores que os enamoran a la primera?

     Gracias.

miércoles, 20 de abril de 2022

La extraña. Sándor Márai

 


     A veces uno descubre que ha pasado por alto un título de un autor del que suele disfrutar. Y eso se convierte en motivo de alegría, en volver a sus letras de improviso... un poco como un encuentro con un viejo amigo al que hace tiempo que uno no ve. Hoy traigo a mi estantería virtual, La extraña.

     Conocemos a Viktor Henrik mientras pasa cuatro días en la costa dálmata, concretamente en el Hotel Argentina. Es una suerte de refugiado que se recompone de su vida, que pretende olvidar a Elise, una bailarina a la que acaba de dejar, tanto como a su propia familia.

     La extraña es un libro en el que el protagonista tiene esa edad a la que el tópico dice que los hombres entran en crisis. Literato y profesor, al cumplir 47 Viktor abandona a su mujer y se muda con Elise, a quien no conoce demasiado ni desde hace demasiado tiempo, lo que le lleva a una relación que le produce más vacío que lleno. De un modo poético, o tal vez con un poco de mala leche, Viktor termina en un hotel por el que los años han pasado dejando la impronta de pérdida de brillo correspondiente y es precisamente en esta parte, el comienzo de la novela, en la que Márai despliega todo su arte. Porque el comienzo de la novela es hermoso, realmente espectacular, y promete al lector un disfrute que poco a poco, al igual que le sucede al Argentina con el paso del tiempo, va perdiendo su lustre. Sin avanzar demasiado en lo que sucede, diré Márai bucea en el protagonista buscando algo más profundo en esa crisis tan manida como aceptada y que los flashbacks se convierten en su moneda de cambio. El problema es que el lector llega abrumado por el Argentina, por los huéspedes, las descripciones... el autor nos ha deslumbrado y Viktor no parece lograr estar a la altura. Se recrea en el personaje, nos cuenta anécdotas, describe, explica... y logra una suerte de estado de embotamiento o de confusión que desluce la novela y que no conseguí remontar ni siquiera con el final.

     La novela se carga de sentimientos, Viktor evoluciona ante los ojos del lector que sigue pensando en el dibujo social que podría haberle regalado. He visto los sentimientos, las partes oscuras, he visto incluso los destellos de humor. Lo he visto todo sabiendo que lo tenía que apreciar y que verlo sin que me lo señalen es señal de que lo hago. Pero aún así no he logrado conectar con la historia. Supongo que a veces pasa, en esta ocasión me he sentido deslumbrada por un fogonazo que, al irse apagando, dejaba un paisaje ante mis ojos que no llamaba para nada mi atención.

     Me ha gustado leer La extraña y seguramente lo vuelva a leer. Cuando me sucede con un libro lo que me ha pasado con este, tiendo a volver a su lectura. y es que a veces los libros nos llegan en el momento adecuado y sus letras te llenan. Y otras la sensación que te queda es justo la contraria y no sabes si es el libro o es aquello de no eres tú, soy yo. Así las cosas, volveré.

     Y vosotros, ¿también ha cambiado vuestra apreciación de un libro según el momento de la lectura?

     Gracias.

lunes, 2 de agosto de 2021

La biblioteca de París. Janet Skeslien Charles

 


     "Los números flotaban alrededor de mi cabeza como estrellas. 823. Eran la llave que me abrirían la puerta de una nueva vida. 822. Constelaciones de esperanza. 841. Por la noche, en mi dormitorio; por la mañana, cuando salía a comprar croissants... Ante mis ojos desfilaba una serie tras otra, 810, 840, 890... Esos números representaban la libertad, el futuro. Además de los números, me había estudiado la historia de las bibliotecas desde el siglo XVI".

     Ya lo he comentado más veces pero lo haré una vez más. Un lector es un ser que presume de sus vicios, los disfruta, los muestra. Es una persona exhibicionista a la que además le gusta leer sobre su vicio favorito. Hoy traigo a mi estantería virtual, La Biblioteca de Paris.

     Conocemos a Odile, una joven que tiene todo lo que hubiera podido desear y que ve como la guerra trastoca profundamente su vida. Su trabajo en la Biblioteca Americana de París se convierte en un punto vital en el que, no solo puede ver peligrar sus amados libros, si no que también sirve como zona de refugiados, de hecho su hermano llega a ponerse en peligro por las actividades relacionadas con la biblioteca que realiza. Odile además se enfrenta a sus propias ideas que le hacen cuestionarse a algunas de sus personas más cercanas. Años más tarde Odile vive en una zona rural de Montana y aunque no es la mujer con más relaciones del mundo, la enfermedad de una vecina provoca un acercamiento a su hija adolescente, Lily, durante el cual rememorará su historia.

     Supongo que un resumen más rápido diría que La biblioteca de París cuenta la historia de los bibliotecarios en esa ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y, bueno, luego está el hilo de los 80, que no me ha entusiasmado precisamente. Es cierto que la doble línea temporal es habitual y que en este caso Lily es importante porque es la vecina de Odile con la que va descubriendo puntos en común y un misterio . El primero es qué pinta esa mujer en la otra punta del mundo y por qué la vemos tan sola.

     Resulta curioso cuando en una novela narrada a dos tiempos el lector descubre la pasión del autor. En este caso está claro que es París y la Bilbioteca. Hay un entramado de pequeños personajes e historias secundarias, de detalles que son accesorios a la trama principal pero que la complementan dándole interés, aportando al lector ese suelo de credibilidad que tanto disfruta en este tipo de novelas de ficción histórica. Cuando eso sucede y uno aterriza en el otro hilo, sucede que... bueno, Lily a veces es graciosa. Y ya. Por eso lucha contra la tentación de leer en diagonal pero se da cuenta de que son los momentos en los que interrumpe la lectura. La novela carece de equilibrio entre pasado y presente salvo en los momentos en los que el presente lo toma la voz que relata el pasado, porque eso indica cambio. La historia de Odile se llena de pasión por los libros, de soldados, personajes fascinantes que se esconden o que ayudan a esconder, la Gestapo... A Lily... bueno, a Lily le gusta un chico. Es cierto que la joven también tiene que afrontar la vida en un momento dado y que eso debería de haber empujado a la novela, pero realmente no consigue arrancar en ese punto porque una parte de la historia ya se ha comido a la otra. Además poco a poco Charles conduce al lector a un final que no parece corresponderse con el resto de la novela o con la actitud de la Odile que ya conocemos, por lo que se antoja precipitado y sin demasiado sentido. Aunque, como siempre digo en estos casos, hablo de mi percepción, posiblemente hay un montón de lectores que lo han disfrutado y les ha parecido perfecto.

     La biblioteca de París es una novela sobre el amor a los libros y su importancia, una forma de ver la Segunda Guerra Mundial desde la mirada de una amante de los libros que parece concebida para sus iguales. Aun así a mi se me ha antojado una novela coja con partes sobrantes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 25 de enero de 2021

64. Hideo Yokoyama

 


     "Los copos de nieve danzaban en la penumbra del anochecer. 
      Tenía las piernas tan entumecidas que le costó bajar del taxi. En la entrada de la comisaría los esperaba un miembro de la policía científica cobijado en el abrigo reglamentario. Éste los condujo al interior. Cruzaron el despacho donde trabajaban los agentes de guardia y por un pasillo apenas iluminado llegaron a una puerta que daba al aparcamiento para el personal. 
      Al fondo del recinto se alzaba la morgue, un edificio aislado sin ventanas y con tejado de zinc. El ronroneo del extractor le reveló que dentro había un cadáver. El agente de la científica abrió con llave y se apartó indicándoles con la mirada que esperaría fuera como muestra de respeto. 
      «No me he acordado de rezar...»".

     El thriller del año que ha salido en enero fue publicado hace casi diez y por fin llega a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, 64.

     Conocemos a Mikami, un detective más que veterano que ha sido transferido en la policía esta vez al departamento que sirve de enlace con la prensa. Un lugar complicado ya que no solo tiene que medir la información que reciben, también tiene que resistir a sus presiones y hacer de freno. Preocupado por la desaparición de su hija le toca además orquestar la reunión con un alto cargo policial que llega de Tokio en una reunión que tiene que incluir al padre de una niña desaparecida hace 14 años y por eso el Comisionado lo va a revisar, está a punto de prescribir. Con el padre de la niña claramente enfrentado con una policía que no hizo bien su trabajo, es fácil entender que no tenga ningún interés en reunirse con el Comisionado para aparecer en una foto.

     64 se refiere al año en que desaparece la niña, 1989. 
     Dicho esto os habréis fijado que no me he puesto a poner los nombres de los personajes, y esto es porque son un engorro. En un libro de más de seiscientas páginas da tiempo a que aparezca mucha gente y si el libro se mueve entre vericuetos administrativos y pugnas prensa vs policía, ya ni os cuento. Y es que el libro es lento y, a ratos, grandes, incluso aburrido. El autor abre varios hilos aunque deja claro que el central será la desaparición de la niña hace años y los secretos que se han ido manteniendo ocultos en el tiempo. Los errores policiales no se airean, está claro. Pero no ha sabido darle la acción necesaria. Todo en el libro es lento y engorroso, la relación entre policía y prensa sigue y sigue entre tensiones y el lector siente la tentación de leer en diagonal algunas partes. Pero aguanto y no lo hago, a fin de cuentas es el libro del año y muchos somos los que protestamos de que todo thriller tenga que ser trepidante. La novela de Yokoyama no lo es, es meticulosa hasta lo enfermizo y requiere paciencia hasta llegar a los descubrimientos y giros, que los hay. Pero tienes que llegar a ellos. Por el camino hay un accidente y la prensa presiona para conocer la identidad de la conductora, Mikami los habla de otro caso que cree los puede entretener pero su estrategia no funciona y tirando de hilos y mordazas llegan sus sospechas. Empiezan las visitas y las llamadas que van descubriendo secretos o tretas administrativas, depende del caso, y la novela sigue y sigue dando vueltas (y nombres) mientras el lector se pregunta si realmente es necesaria tanta vuelta y tanta parafernalia para relatar una historia que con la mitad de páginas hubiera sido el doble de interesante. 
     Yokoyama vendió más que Murakami en su momento con esta novela. Y yo entiendo que la literatura nipona es diferente a la nuestra y suele tener musicalidad, que esta novela no tiene, y un costumbrismo que aquí me ha parecido casi un manual laboral del narrador. 

     64 ha resultado una novela curiosa. Cuando uno ve buenas críticas y recibe la sensación contraria durante la lectura, incluso aunque en la última parte mejore, se siente desconectado del resto de los lectores, ajeno. Al final uno se pregunta si el problema es propio y no del libro, y opta por no desrrecomendarlo, más bien justo lo contrario. Se genera un interés renovado en hablar del libro con los entusiastas, intentar acercarse a su prisma y ver qué es lo que falló durante la lectura. Os invito a contarme si lo habéis leído. A fin de cuentas, como ya he dicho muchas veces, yo no soy crítico, soy una simple lectora. Y si algo nos gusta a los lectores, es compartir opiniones de nuestro vicio favorito.

     Por cierto, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Otra vuelta de llave. Ruth Ware

 


     "7 de septiembre de 2017.  
     Centro penitenciario Charnworth. 
     Querido señor Wrexham: 
     No se imagina cuántas veces he empezado esta carta y arrugado el desastroso resultado, pero me he dado cuenta de que no existe ninguna fórmula mágica para esto. No hay forma de que yo lo OBLIGUE a escuchar mi caso. Por lo tanto, tendré que exponer los hechos lo mejor que pueda. No importa el tiempo que me lleve, ni cuántas hojas tenga que descartar: seguiré adelante y le contaré la verdad".

     El título, lo tenía claro. Si su misión era generar curiosidad yo piqué, aunque haya tardado en saber de su existencia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Otra vuelta de llave.

     Conocemos a Rowan Caine cuando encuentra un anuncio de trabajo que es casi un sueño. Responde al anuncio y así es como acaba de niñera en Escocia. La familia parece estupenda y la casa es espectacular, excepto por Happy que controlará la casa y permitirá a sus propietarios hacer precisamente eso mientras vigilan lo que allí sucede. Rowan, que no tenía en mente aceptar este trabajo, acabará en la cárcel tras la muerte de un niño. Pero esto, que suena a contar el final, es solo el principio.

     Otra vuelta de tuerca es un título magistral de la literatura con una niñera de la que desconfiar y una atmósfera que atrapa al lector. De eso no duda nadie. Cuando vi este título la asociación fue inmediata y además había una niñera y unos niños y un misterio... así que estaba claro que, de un modo u otro, Ware estaba actualizando la historia de James. Pero avancemos...

     Sabemos que Rowan está escribiendo desde la cárcel, es decir, que algo muy malo ha tenido que suceder. Sabemos que ese algo tiene que ver con noches en vela y con cámaras y con la casa, justo con la casa. Y nos enteramos de que ha muerto una niña y que Rowan dice que ella no la mató. Entonces entramos en una historia en la que la protagonista vive sin saber si sus jefes están obsrvándola o no pero que, por lo que ella sabe, podrían estar haciéndolo en todo momento. La casa automatizada además comienza a fallar y los niños... bueno, son, como mínimo, raros. No tarda en empezar a comprender por qué se habían ido tantas niñeras. 
     Ware utiliza recursos de terror y también de thriller psicológico para ir ambientando al lector en la atmósfera en la que la niñera se encuentra sumergida utilizando para ello tecnología. Esta sensación de vigilancia, de control, opresiva, se va metiendo bajo la piel del lector hasta compartir la paranoia de la niñera. Solo que tal vez no sea una paranoia descabellada y la imposibilidad de tener intimidad, el sentirse vigilado y dejar que la tecnología domine nuestra realidad, tal vez ya no sea ciencia ficción. Por eso es cada vez más utilizado en este tipo de novelas.

     En cuanto a la trama, he tenido sentimientos encontrados con el final. Suelo decir que buscar la sorpresa no tiene que ser la obsesión de un escritor en este tipo de novelas ya que en el camino uno corre el riesgo de sacrificar la credibilidad. Y esa es la parte que me ha costado, la resolución. Pero bueno, eso ya supongo que son apreciaciones personales y mi perplejidad no tiene por qué coincidir con la sensación de otro lector. A fin de cuentas, cada novela es de quien la tiene entre manos.

     Otra vuelta de llave es una novela entretenida que, si bien no es particularmente original, sirve para pasar un buen rato.

     Y vosotros, ¿sois aficionados a remakes y revisiones?

     Gracias.

miércoles, 4 de julio de 2018

El Nix. Nathan Hill


     "De haber sabido que su madre se marchaba, tal vez Samuel habría prestado más atención. Habría podido escucharla con más interés, observarla con más detenimiento, anotar algunos detalles cruciales. Quizá habría sido capaz de comportarse y hablar de una manera distinta, de ser una persona distinta".

    Tengo que reconocer que hacía tiempo que un libro no me llamaba tanto la atención visualmente al verlo en la mesa de la librería. Es por eso que lo compré, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El Nix.

    Cuando el gobernador Packer, un candidato a la presidencia de Estados Unidos controvertido con claras ideas antiinmigración es atacado por una mujer, todo el mundo está pendiente del vídeo de lo sucedido. Todos excepto un profesor de inglés llamado Samuel Anderson, un hombre que vive tristemente, deprimido y adicto a videojuegos, y que se ve sorprendido por la llamada del abogado de dicha atacante. Parece ser que se trata de su madre, Faye, y el abogado quiere que sea testigo. Sin embargo el editor de Samuel tiene una idea mejor, ¿qué tal si investiga el pasado de esta mujer que les abandonó cuando tenía once años y aprovecha para escribir un libro?

     La primera noticia que tuve sobre este libro fue cuando leí que comparaban a su autor con Pynchon y Franzen, así que pensé que ya estaba el crítico norteamericano en su eterna búsqueda de la gran novela americana contemporánea. Ese concepto que viene siendo el premio jamás entregado a lo que parece ser el mejor escritor de Estados Unidos y, por extensión, del mundo una vez se exportase su obra. Así que reconozco que no le hice demasiado caso. Es más, cuando me tropecé con el libro en la librería, ni siquiera asocié el título a aquella comparación. Supongo que eso ha sido algo positivo a la hora de leerlo, me ha permitido un juicio limpio.
   
     He tardado un tiempo en ponerme a leer El Nix pero a las pocas páginas ya me di cuenta de que no era un libro fácil de reseñar y prueba de ello son las pocas opiniones que se han vertido sobre él pese a lo controvertida que ha sido su publicación. Y es que, un libro que abarca desde los años 50 hasta el 2011, que habla de conflictos como Vietman, Wall Street, el mundo virtual, la búsqueda de una vida y la ambición de un editor, el poder, los fantasmas, las personas y la vida. Y todo ello en un tiempo que se mueve a lo largo de setecientas páginas convirtiendo la novela en uno de esos libros que requieren cierto esfuerzo por parte del lector, pero que uno termina con la satisfacción de haber hecho una buena lectura. Y es que El Nix es mucho más de lo que he contado, ya que el autor despliega todo un abanico de temáticas y es capaz de irlos entrelazando a la perfección. Así sabremos, por ejemplo, de unos gemelos que fueron los primeros amigos que tuvo Samuel, y también que ahora su editor estaba a punto de demandarlo por no entregar un manuscrito a tiempo. Descubriremos que pese a su marcha, y también precisamente por ella, la madre de Samuel ha marcado a su hijo de muchas maneras y también que el padre de esta mujer la marco a ella y por lo tanto a los dos. Hill da vueltas para mostrarnos que las personas estamos marcadas por aquello que vivimos y también por quienes nos rodean, ya sea por su presencia o por su ausencia, y por eso es de vital importancia su capacidad para integrar hechos sociales de sobra conocidos en la novela. Se mezcla lo real con la ficción para mostrar a un Samuel desencantado y también a una mujer, Faye, que aún estaba en construcción cuando estallaron los disturbios del 68. No falta prácticamente de nada en esta novela, y Hill consigue incluso que no nos perdamos, que disfrutemos, que riamos a ratos con la estudiante impertinente y que echemos una carcajada cuando el propio protagonista dice que los lectores actuales buscan libros sencillos con tramas lineales. Y es que El Nix es, sobre todo, divertido.

     A poco que hayamos oído hablar de este libro, sabremos que el Nix es un espíritu que se presenta y atrae a niños con su forma para luego llevárselos. Bien, no es el único espíritu del que se habla en la novela, aunque no estamos ante una novela paranormal, su presencia es más bien simbólica de esas enseñanzas que la vida nos va dejando a medida que crecemos. Queda latente, además de la crítica social que se percibe con muchísima facilidad, un regusto a enseñanza que nos muestra abiertamente con las palabras de un compañero de videojuegos del protagonista, quien advierte de la diferencia entre las personas acertijo y las personas trampa. Supongo que todo ello enfocado al gran mensaje del libro, que viene a ser: cuidado con lo que deseas. Y es que, ya lo dijo Santa Teresa: Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Y en el caso de las personas, serán las que más quieres las que más te puedan dañar.

     En fin, todo esto es El Nix y os puedo asegurar que es mucho más. De hecho, ya tengo casi planeada una relectura para poder recoger todo aquello que, soy consciente, se me ha escapado en esta primera vez.

     Y vosotros, ¿sois relectores?

     Gracias.

jueves, 7 de junio de 2018

La investigación. Philippe Claudel


     "Cuando el Investigador salió de la estación, lo recibió una mezcla de lluvia fina y nieve fundida. Era un hombre de poca estatura, más bien rechoncho y casi calvo. Todo en él resultaba anodino, desde la ropa que llevaba hasta la expresión de su rostro. Si alguien hubiera tenido que describirlo, por ejemplo en una novela, o durante un procedimiento penal o en una declaración ante un juez, sin duda le habría costado esbozar su retrato. Era, por así decirlo, un ser evanescente, alguien a quien olvidas apenas lo ves. Su presencia tenía la vaguedad de la niebla, de los sueños o del aliento que exhala una boca. En eso se parecía a millones de personas".

     Claudel me gusta más en sus formas que en sus argumentos, pero este sí que me llamó particularmente la atención. Hoy traigo a mi estantería virtual, La investigación.

     Un Investigador cuyo nombre no nos es revelado llega a una anónima ciudad con un encargo claro: investigar por qué una Empresa tiene un índice de suicidios tan alto. Sin embargo, desde que llega a la ciudad, todo parecen dificultades para lograr su objetivo, ya sea acceder a la empresa, relacionarse o el propio hotel en que se aloja.

     Esta novela es un claro homenaje a Kafka y su agrimensor intentando llegar a El castillo. A partir de esa idea comprendemos la existencia de este investigador y las dificultades que tiene para cumplir la misión que le es encomendada. Casi pareciera que, en esta ciudad sin nombre, el universo se confabulara para frustrar sus objetivos. Un universo en el que la gente funciona casi de manera mecánica y su único valor parece reducirse al a función que desempeñan, exactamente igual que sucede con nuestro investigador, a quien conocemos con "I" designadora de su tarea. Poco a poco nos va describiendo un ambiente opresivo en el que los diálogos serán la fuente de oxígeno, a ratos casi cómico, para que podamos seguir leyendo esta suerte de fábula social. Una fábula que se va tornando pesadilla incluso dentro de la propia historia para el protagonista ya que todo parece estar mal. Las dificultades ara llevar, la disfuncionalidad de la habitación del extraño hotel, las personas con las que se encuentra son poco serviles... todo ello nos va haciendo llegar a unas conclusiones a lo largo de esta novela corta. Además, la obstrucción de la realidad a que el Investigador realice su función no será el único problema que se encuentre, Claudel también pone su granito de arena al desdibujarlo ya en las primeras líneas y luego añadir que su estado parece permanentemente defectuoso. Ya sea hambriento, cansado o magullado, todo parece ponerse en contra de nuestro protagonista.

     No me cabe duda alguna del mensaje de Claudel: la representación de un mundo totalmente alienado en el que apenas nos fijamos los unos en los otros en nuestra cotidianeidad. Vales para el prójimo lo que haces en tus funciones designadas, y para la sociedad el servicio que le prestas. Y en esta sociedad en la que quedamos reducidos a meros figurantes, ir contracorriente puede ser algo frustrante y complicado, lo fácil es dejarse llevar y ser uno más. Pero no es solo eso, además al finalizar esta novela, el lector tiene claro el motivo de dichos suicidios. Al menos en mi caso lo tuve bastante claro mucho antes del final y eso, amigos lectores, hizo que cerrase el libro y mirase a mi alrededor con un punto de angustia. El que Claudel hace saltar del libro a la vida cuando miramos a nuestro alrededor y pensamos: ¿y si....?

     Me ha gustado La investigación. No es ni de lejos el mejor libro de Claudel, pero tengo que reconocer que lo he disfrutado posiblemente más como homenaje  Kafka que como historia propia e individual.

     Si vivimos en un mundo en el que cada cual tiene su lugar y función, decidme, ¿para vosotros cuál es la función de la lectura?

     Gracias.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Historia de la violencia. Édouard Louis


     "Así que, unas horas más tarde de eso que la copia de la denuncia que guardo doblada en cuatro en el cajón llama tentativa de homicidio, salí de casa y bajé la escalera".

     Siempre me han atraído los segundos libros, aquellos que se publican tras un gran éxito ya sea de ventas o de crítica. Incluso más si el éxito es de ambas cosas. Porque es ahí donde el escritor se la juega, donde intenta no ser aplastado por su anterior éxito. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Historia de la violencia.

     En esta novela el autor nos relata como en las Navidades de 2012 volvía a casa tras una fiesta cuando conoció a un hombre llamado Reda. Hablaron y le invitó a su casa. Horas después, este hombre le atacó, le violó e intentó estrangularlo.

     Al igual que en Adiós a Eddy Bellegueule, Louis nos habla de un hecho que le sucedió a él. Él sufrió una agresión y, de hecho, su agresor fue detenido cuatro años después del suceso y estaba en la cárcel aún mientras Louis hablaba de ello en este libro. Y, como suele ser habitual, han salido voces poniendo en duda su historia. Algo terrible y habitual que, a buen seguro, daría para muchas horas de conversación.

     En su novela Édouard da voz a su hermana e incluso al propio agresor para relatar lo sucedido. Una mirada hacia esa terrible noche en la que se trata desde la denuncia hasta los sentimientos posteriores en un libro que evita premeditadamente que el origen del agresor sea utilizado. Además no escribe de forma lineal sino que esos sucesos se ven fragmentados tanto por las voces como por los recuerdos a pedazos, y es casi imposible no tener la sensación de disección. Además, y pese a que haya más voces e incluso el propio Édouard se vaya alzando, el personaje de la hermana, Clara, es crucial en esta novela que arranca cuando el autor escucha de forma furtiva una conversación entre ella y su marido sobre lo sucedido. Édouard no encuentra la comprensión y el cariño en una hermana que parece dedicarse a hacer monólogos incapaz de mantener una conversación cercana con él. Y Louis aprovecha este suceso para diseccionar la violencia, la sociedad e incluso a él mismo. No podemos evitar sentir que busca un origen en lo sucedido esa terrible noche, y que lo hace no solo en su agresor sino en toda la sociedad. Pero no nos confundamos, Louis no está escribiendo sobre el perdón y ese tipo de comprensión piadosa que es tan habitual en los libros: comprender no significa perdonar.

     Estructuralmente ha jugado no solo con las voces o los saltos, con el lenguaje culto o muchísimo más vulgar de su hermana, lo que me ha gustado de verdad es descubrir las interrupciones que el propio autor realiza. Todo ello, además de un realismo palpable, otorga a la novela una veracidad y continuidad que dudo mucho hubiera podido lograr en el caso de limitarse a una narración lineal. Hace que, si bien evita mostrarse crudo, el lector llegue a estremecerse por todo los sentimientos que descubre la novela, consigiendo un efecto más contundente que en su primera obra.

     En Historia de la violencia Louis parece reafirmarse como un escritor de lo real y también de lo incómodo. Muestra realidades que muchas veces no miramos  prejuicios y situaciones enraizadas que se ocultan bajo las capas sociales más bonitas a a vista. Y vuelve a echar mano de eso que ahora se llama autoficción y que, reconozco, me gustaría que dejase de lado en su siguiente título. No los temas que trata, pero si ver como se expresa en un campo que no esté cercado por sus propias vivencias. en este caso estamos, no me cabe duda, ante una novela dolorosa.

     Y vosotros, ¿sois de los lectores a los que convence un buen libro o necesitáis más de uno para afirmar que os gusta un autor?

     Gracias.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Bajo el árbol de los Toraya. Philippe Claudel


     "Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles."

     Claudel tiene una forma especial de escribir que muchos descubrimos con Almas grises. Tiene una suerte de tristeza perenne en su todo que no consigue despegarse ni en los buenos momentos. Quizás por eso me ha costado acercarme a este libro cuya naturaleza triste se intuía ya en la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el árbol de los Toraya.

     Esta vez conoceremos al narrador, y alter ego más que probable del autor. Realiza un viaje a Indonesia y descubre la forma que tienen en una zona de encarar la muerte. Con ella aún en la memoria, recibe la noticia de que su gran amigo Eugène tiene cáncer. La muerte de su amigo le servirá para hacer un recorrido sobre los muertos que le han rozado, pero también sobre su propia vida y las mujeres que han pasado por ella.

     La muerte siempre ha sido un tema complicado, tanto en la vida como en la literatura. Y en esta última, recurrente. Quizás por eso Claudel ha querido dedicarle un libro a ella y concederle una doble lectura que representa perfectamente en la tradición funeraria de Sulawesi, Indonesia. Allí, como el narrador y cineasta descubre en un viaje, cuando un niño muere, es depositado en el tronco de este árbol como si se tratara de un féretro vivo. El árbol, herido en su corteza, va sanando y cerrándose manteniendo en su interior el cuerpo del niño, convirtiéndose en un féretro ahora vivo que sigue creciendo hacia el cielo. Esta costumbre tan chocante, intenta tener algo de curativo también para los padres que han sufrido la pérdida. Para cualquier persona ajena, no deja de ser una costumbre chocante, quizás por eso la usa Claudel en su libro: la muerte y frente a ella, la vida. La muerte, el dolor, el duelo y, frente a ella, la capacidad del ser humano para recomponerse y seguir adelante.
     En la trama, el gran amigo muerto: la noticia, la llegada del inminente final, el recuerdo de sus últimas palabras. Los muertos en la vida del viejo protagonista: el padre, el compañero de alpinismo, el suicidio, convivir con la muerte... su exmujer y el niño muerto... las formas de aceptarlo: divergencias. Pero no aparecerá solo Florence, también hablará de su relación con una mujer croata, incluso una doctora tendrá relevancia. Todo ello son ingredientes para una vida y en toda vida ronda la muerte. Volvemos a ese rito casi homenaje a la vida que se realiza en Indonesia y reflexionamos junto al narrador sobre la necesidad de no olvidar a los muertos, pero también la de sobreponernos y seguir adelante. Y todo ello con el estilo de Claudel, la calma, la cultura rondando, la música, el capítulo en el que Kundera aparece por ejemplo, es sin duda alguna lo mejor de esta novela.

     Claudel es escueto, para mi gusto demasiado en un momento en el que a muchos libros parecen sobrarles páginas. Me hubiera gustado que se extendiera un poco más, que desarrollase algunas preguntas, que se terminara de mojar y me obligara a mojarme a mi. Me he quedado con las ganas de decírselo al propio libro a medida que se acercaba el final. ¡venga, que tu puedes, estruja un poco, haz que sangre! Pero no lo llega a hacer. Quizás porque en ese caso se hubiera perdido el homenaje a su amigo muerto, a la amistad entre ambos, a esa relación especial que se tiene con quien se es afín y que hace pensar que habla de su amigo Jean-Márc Roberts, editor fallecido en 2013.

     Pienso, porque este es uno de esos libros que obligan a pensar, que quizás sea este libro el ataúd vivo de papel que le entrega a su amigo, su propio rito no exento de poesía o de vida. Que sus reflexiones sean la forma de afrontarlo y que cada lectura sea un avance en el proceso de cicatrización de un árbol convertido en papel. O tal vez esté dándole demasiadas vueltas debido a la lectura, poco importa. el caso es que me gustan los libros que me hacen removerme, aunque sea a ratos incómoda. Eso es lo mejor que tiene Bajo el árbol de los Toraya, su poso, la permanencia en la mente del lector. Eso y el placer que es leer a Claudel.

     Comentaba hace apenas unos días un  escritor al que admiro que casi todos libros tratan de amor o de muerte, excepto los que trataban de amor y muerte a la vez. Puede que tenga razón, ¿qué me decís vosotros, son vuestros temas recurrentes en las lecturas realizadas?

     Gracias.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Toda una vida. Robert Seethaler


     "Una mañana de febrero de 1933, Andreas Egger encontró moribundo a Johannes Kalischka, el cabrero conocido por los habitantes del valle como Hannes el Corneta, lo levantó agarrándolo por el jergón de paja empapado, que desprendía un olor un tanto agrio, y lo arrastró durante tres kilómetros por un sendero cubierto con una gruesa capa de nieve."
 
     Vi este libro en twitter y creo que tardé apenas un minuto en decidir que me interesaba. Y mucho. Menos de una semana después, hoy traigo a mi estantería virtual, Toda una vida.

     Conocemos a Andreas Egger, abandonado en la puerta de su tío con unos pocos billetes metidos en un saco que llevaba al cuello, en un pueblo de las montañas. Son los años treinta y Egger comienza una vida como sobrino bastardo en una familia con hijos que lo trata como a un animal de carga. Seguiremos su vida y sus pasos hasta su muerte con más de setenta años, en ese mismo pueblo que lo viera llegar siendo un niño.

     En toda una vida siete décadas de historia son condensadas en su protagonista, Egger. Un hombre tranquilo, que ve como la vida pasa por delante de sus ojos mientras él camina cojeando en busca de un nuevo empleo; tal vez colocando cables del teleférico, tal vez enseñando el lugar a los turistas que poco a poco comienzan a llegar.. lo mismo da. Él busca un empleo, lo consigue y lo lleva a cabo. el mundo, mientras tanto, cambia a su alrededor. Y Egger mira. Porque esta es su novela. La de un hombre sencillo que descubre las durezas de su existencia desde sus primeros años cuando su tío, al pegarle, termina por provocarle la lesión que le dejará la cojera como recuerdo. La de un hombre que mira las montañas, capaz casi de ver su silencio y su grandeza y que mide los días en el tiempo que tarda el sol en esconderse tras ellas. Un hombre lento, casi calmo, del que Seethaler no hace una víctima en ningún caso, que no se sorprende por la vida, casi ni por la guerra. Porque la guerra llegó también a sus montañas, y Egger pasa ocho años en campamentos rusos. Y no hay drama. Solo el relato de una vida. Una vida que, cuando terminamos el libro, ha pasado por muchos momentos, aunque durante el camino apenas hayamos sido conscientes, porque, a fin de cuentas, y esta es una de las reflexiones a las que nos conduce esta lectura: la vida es eso que nos va sucediendo a medida que cumplimos años. Y no, no es una reflexión tan sencilla como puede parecer en un primer momento.

     Quizás lo que más sorprende de la novela de Seethaler es la sencillez con la que relata una época llena de avances y cambios que vivieron varias generaciones. No necesita ochocientas páginas, porque Egger nunca hubiera sido capaz de llenar tantas páginas con lo que sentía. Y eso lo convierte en un personaje entrañable para un lector que no duda en acompañarle. Toda una vida es una novela de un personaje que termina siendo para nosotros una persona. Quizás no hemos conocido a alguien como Egger, pero todos nos hemos tropezado con algún tipo de Egger en la vida. Y ese es el hilo que nos une a este estupendo libro que lejos de perderse en descripciones, te consigue llenar de sensaciones. La primera de ellas, la paz.

     Me ha gustado. Merece la pena su lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esperando a Mister Bojangles. Olivier Bourdeaut


     "Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
    - Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."

     Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.

     George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.

     Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
     Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.

     Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.

     Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.

     Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?

     Gracias.

     PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!
   


lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."

jueves, 23 de marzo de 2017

Tres noches. Austin Wright


     "Todo se remonta a la carta que Edward, el primer marido de Susan Morrow, le envió a ésta en septiembre pasado. Había escrito un  libro, una novela: ¿le gustaría leerla? Susan se quedó desconcertada porque, aparte de las postales de Navidad firmadas "Con cariño" que le enviaba la segunda esposa de Edward, hacía veinte años que no sabía nada de él."

     Con la aparición de la adaptación cinematográfica de esta novela, recordé su lectura. Y eso me llevó en lugar de al cine, a releer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tres noches.

     Conocemos a Susan, una mujer de mediana edad casada por segunda vez, profesora y con un marido no demasiado perfecto. Y también a Tony Hasting, de edad similar, también profesor y también casado. Hasta ahí parece que no es nada extraordinario, salvo que Tony es el protagonista de la novela que está leyendo Susan, titulada Animales nocturnos. Y que el autor de esta novela es Edward, ex marido de Susan y del que no había sabido nada en los últimos veinte años. Susan comenzará la lectura de Animales nocturnos y le llevará tres noches.

     Estamos en la forma más literal de la metaliteratura, que es meter un libro dentro de otro. En este caso, el autor nos llevará a la lectura obligada de Animales nocturnos a la par que iremos conociendo a Susan y su vida en sus reflexiones durante la lectura de dicho libro. De este modo no solo la iremos conociendo, también a Edward, el autor. Ahí Austin nos dará la parte más psicológica del libro, mientras que Animales nocturnos será una novela que no da tregua al lector, convirtiendo a su protagonista en una más de la historia y obligándonos a pensar el propósito de esta. Encontramos también reflexiones literarias, lo que provoca el sentimiento de estar ante una novela híbrida que mezcla demasiados estilos como para poder encasillarla en una única etiqueta.
     En cuanto a las dos historias, lo tuve claro desde el primer momento, será Animales nocturnos la que lleve el peso de la novela negra, mientras que la parte protagonizada por Susan será más de atmósfera, psicológica. Y, posiblemente, el gran acierto del libro es convertir a través de Susan en lector activo a quien tenga el libro en la mano. Sin embargo, y pese a que la historia es muy entretenida y original, tiene un pequeño momento en que decae al final del segundo día, y del que se recupera sin llegar a alcanzar la frescura de las primeras páginas; quizás porque el final no es todo lo sorprendente que hubiéramos deseado. Con todo, uno sale de la lectura con la sensación satisfecha de haber pasado unas horas francamente entretenidas buscando el motivo y relación del curioso envío que recibe la protagonista.
     Los personajes son conocidos a la perfección por el lector y, en mi caso, se ha producido un curioso fenómeno, y es que no ha despertado mi simpatía ninguno de ellos. Lo cual, lejos de empañar la lectura, la ha convertido en algo mucho más interesante. Hacía tiempo que no me sucedía esto, normalmente mis afinidades suelen estar repartidas, incluso equilibradas y, aunque el protagonista no me agrade demasiado, encuentro otros personajes que situar al otro lado de la balanza.

     Tres noches es un libro diferente y entretenido, bien estructurado para que el lector jamás se pierda en sus historias entrelazadas que os recomiendo si buscáis una lectura que se salga de lo habitual. Eso sí, os aviso, no es tan negra como la pintan.

     Y vosotros, ¿recordáis el último personaje que despertó vuestra antipatía?

     Gracias.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El oficio del mal. Robert Galbraith


     "No había logrado eliminar todos los restos de sangre. Bajo la uña del dedo corazón de su mano izquierda había una línea oscura con forma de paréntesis. Empezó a sacarla, aunque le gustaba verla allí: era un recuerdo de los placeres del día anterior. Tras un minuto hurgando sin éxito, se metió el dedo en la boca y se chupó la uña sucia. El sabor ferroso le recordó el chorro que se había derramado con furia por el suelo embaldosado, salpicando las paredes, empapándole los vaqueros y convirtiendo las toallas de baño de color melocotón (esponjosas, secas y pulcramente dobladas) en unos trapos empapados en sangre."

     Si hay autores encasillados por sus libros, otros se esfuerzan por hacerse notar también fuera de quien les dio la fama. Un ejemplo es la invención de Robert Galbraith por parte de la autora de Harry Potter, y, además de eso, simultanear ambos caminos. En mi caso, quizás ya por la edad, me siento más cómoda leyendo las novelas que se alejan un poco del mago, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El oficio del mal.

     En esta ocasión Cormoran y Robin, más concretamente ella, recibe un paquete con un tétrico contenido en su interior: una pierna amputada. El paquete parece haber sido un error, ya que el destinatario es Cormoran, cuya cojera es más que conocida. La pareja protagonista tiene una lista de sospechosos y la policía parece centrarse en uno de ellos, sin embargo Cormoran, preocupado por la mala publicidad que le procura la noticia de lo sucedido, no parece compartir la opinión policial.

     Y llega la tercera entrega protagonizada por Cormoran Strike y Robin, a los que ya vamos conociendo. Recuperamos al cojo y taciturno detective, con pinta de huraño pero atractivo para las mujeres, decidme si eso no es un cliché, y a su joven y hermosa ayudante que poco a poco va tomando control sobre este nuevo trabajo. En esta ocasión, y por dar un carpetazo rápido a sus vidas privadas, Rowling nos muestra que la atracción entre ambos es mayor que la que ellos quieren confesarse, y también los más y los menos de Robin con Matthew, su novio ya conocido con el que planea casarse, y la de su jefe con Elin, que parece hacer aguas. Hasta aquí, nada que cualquier lector no se esperase en una saga protagonizada por una pareja mixta y es que, empiezo a aburrirme de que no puedan trabajar dos personas juntas de distinto sexo sin sentirse atraídas la una por la otra, me resulta demasiado previsible.

     En cuanto a la novela, Rowling construye en esta tercera entrega su caso más agobiante. De entrada lo aligera muchísimo menos, y nos va dando más pistas sobre la vida personal de sus protagonistas. Además, la implicación personal de ambos es crucial para los sentimientos encontrados del lector. En un primer momento la pierna iba dirigida a Cormoran, pero luego, y gracias a los capítulos narrados por el propio asesino, vamos temiendo cada vez más por la seguridad de Robin. Además, es y con un margen bastante amplio, la novela más negra de la autora, con más sangre y, por supuesto, mucho más oscura. El caso se desarrolla entre varios sospechosos que nos son presentados sin tardar mucho y entre los que Cormoran descarta precisamente al que la policía considera más probable. Es cierto que la vida del protagonista le ha provocado tener enemigos suficientes, pero también que la autora logra despistar al lector lo suficiente como para darle unas cuantas sorpresas a medida que vamos llegando al final y hacerlo, además, sin perjudicar la credibilidad de la resolución. Robin, quizás de quien más conocemos en el libro, se alza finalmente como igual a Strike y de este modo la autora afianza una pareja a la que parece quedarle aún un amplio recorrido literario.

     Tengo que decir que dejando de lado los libros del archiconocido mago, The casual vacancy resultó toda una sorpresa para mi, ya que me encontré con una narradora mucho más solvente de lo que me había imaginado, mientras que estos otros firmados bajo seudónimo siempre me han parecido simplemente entretenidos. Aún así, El oficio del mal es el mejor de los tres libros de la saga. Sin duda alguna. Estoy segura de que hará disfrutar a muchos aficionados al género. Además juega con una ventaja y es que no solo se puede leer de forma independiente, sino que no da pistas de la resolución de sus dos anteriores entregas.

     Y vosotros, ¿habéis leído a Rowling más allá de Potter?

     Gracias.

martes, 11 de octubre de 2016

Tres días y una vida. Pierre Lemaitre

     "A finales de diciembre de 1999, una sorprendente serie de sucesos gtrágicos sacudió Beauval, el más importante de todos, la desaparición del niño Rémi Desmedt. En esa región cubierta de bosques y habituada a un ritmo lento, la súbita desaparición del pequeño causó estupor e incluso fue considerada por muchos de los habitantes como un presagio de futuras catástrofes.
     Para Antoine, que estuvo en el centro del drama, todo empezó con la muerte del perro. Ulises."

     Cuando un escritor gana un premio relevante, leída esta obra, uno se pregunta cómo será la siguiente y si se la considerará a la misma altura. Por eso, y porque parecía que Lemaitre se alejaba definitivamente de ese negro sangre que había utilizado en sus novelas protagonizadas por Camille o en Vestido de novia de una manera casi definitiva, me llamó la atención este título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tres días y una vida.

      Conocemos a Antoine cuando tiene 12 años, y le conoceremos durante tres días, en las navidades de 1999. En esos tres días, un coche atropella a un perro que fallece a manos de su dueño, Antoine lo presencia horrorizado, se enfada con el mundo y, preso de esta ira, mata de un golpe a su vecino de 6 años y lo esconde, y... y cambia su vida. Desde ese momento el peso de la culpa dirigirá todos y cada uno de sus pasos que oscilarán entre confesar y la incapacidad para hacerlo. Lemaitre nos llevará entonces a 2011 y, finalmente a 2015 para que seamos testigos de cómo ese suceso

     La historia de Lemaitre es esta vez más introspectiva, le interesa Antoine, desnudar sus sentimientos desde que es un niño solitario que busca encajar a cualquier precio, hasta el adulto en el que se convierte. En la primera parte, la más extensa, conocemos minuciosamente cada uno de sus pensamientos y estados de ánimo. Juega entonces el autor a que sintamos empatía por Antonie, a que disculpemos su terrible acto y, cuando nos tiene casi convencidos, nos sacude con la familia del pequeño desaparecido, provocando un tira y afloja sentimental que hace que el lector se debata entre la lástima y la impotencia sin tener claro qué resultado nos iba a dejar más satisfechos. A lo largo de este camino se nos permite disfrutar del Lemaitre más cuidado, con algunos momentos incluso sobresalientes. La descripción del pueblo, de las angustias y certezas de un niño, las dudas, los vecinos, la madre... todo ello emana un realismo difícil de no recoger.  De hecho creo que no me hubiera importado demasiado si el libro hubiese tenido un final a lo Carrére y hubiera dado por concluida la historia. Nos lleva de suceso en suceso, de excusa en excusa para que Antoine no pueda confesar, para que el lector no pueda pensar tampoco en lo correcto. Avanzamos con ganas, sin darnos cuenta de ello sumergidos en la historia.
     Las dos siguientes partes en cambio son mucho más cortas, casi apresuradas en algunos momentos y, aunque nos siguen mostrando a Antoine, es el lector quien rellena dudas con lo que ya sabía de él. Lemaitre se dedica a darnos datos, guías, a mostrar el camino que ha seguido ese niño que ya ha crecido y ese pueblo que parece haberse detenido en el tiempo. Y como el pasado no sólo siempre regresa, sino que a veces nunca se consigue dejar atrás. Pronto presentimos que la historia tiene un final y que ese niño, Rémi, no caerá en el olvido, y así es. Lemaitre proporciona un final al misterio que, si bien no me sorprendió, si me ha parecido correcto para una historia entretenida que me ha durado apenas un par de tardes.
     Repetiré con Lemaitre, me gusta este rumbo que ha tomado.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 4 de agosto de 2016

Una cocina a prueba de ratones. Saira Shah


     "Los dolores vienen y van en oleadas. No se parecen en nada a los subidones orgásmicos descritos por mi profesora new age de preparación al parto, pero tampoco son tan terribles como los relatos de mi madre de pelvis partidas en dos y mujeres que enloquecen de pura agonía."

     Suelo comentar los motivos por los que llego a un libro. en este caso fue el título y ni siquiera le di la vuelta, de hecho cuando leí el primer párrafo que abre esta entrada lo cerré y me quedé mirando un rato la cubierta un tanto extrañada. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una cocina a prueba de ratones.

    Anna y Tobias forman un matrimonio joven y de éxito que han decidido dejarlo todo en Londres para irse a vivir al sur de Francia en cuanto nazca su hijo. Ella es chef y él es creativo, compositor para ser exactos. Todo parece estupendo para esta pareja que está a punto de conocer las alegrías de la paternidad hasta que nace su hija con un serio trastorno cerebral al que, en un primer momento, ni siquiera los médicos se atreven a poner nombre. Ven como su vida se rompe en pedazos junto con todas sus ilusiones mientras tienen que recomponer sus ideas y aspiraciones en lo que su hija intenta sobrevivir en el hospital, entre tubos y medicinas. Languedoc será el lugar elegido, una casa inhóspita que parece tener carácter propio y pocas ganas de tener inquilinos, para comenzar su nueva vida junto a Freya y un puñado de vecinos.

     Con un fuerte contenido autobiográfico, Sarira Shah cuenta su historia desde quien ha tenido que sobreponerse a desafíos diarios no sospechados ni deseados. Con aspecto de historia cruel y la clara intención de evitar la moralina, la autora nos muestra como la vida puede dar al traste con todos tus planes en apenas un instante. Eso es lo que le sucede a la pareja protagonista, con una vida perfecta y ensayada; casi de revista, cuando descubren que su hija tiene un problema de salud que se irá haciendo más grave con el tiempo hasta un fatal desenlace. ¿Qué sucede en la vida de una pareja cuando se les pone esa dura prueba? Dice Anna cuando ve a su hija por primera vez, que hay un mecanismo en el cerebro que hace que la imagen perfecta del bebé perfecto que uno tenía en la cabeza, se adapta con un click de forma inmediata al que sostiene en brazos la primera vez que ve a su hija. Que nace un amor irrompible y único que provoca felicidad. Pero Anna, al igual que su marido, sabe que esa niña tiene poca esperanza de vida, que la poca vida que tenga estará llena de angustias, ingresos y medicaciones, y que las opciones son pocas. Entonces la valentía de la autora es incluso superior a la de los protagonistas, ya que les deja desnudos ante el lector. Vemos como se preguntan qué hacer, y cuánto amor darán sabiendo que será un sufrimiento fatal, casi una agonía; no ya la muerte, sino la enfermedad y pensar que tal vez ni siquiera les reconozca.
Así que deciden, avanzan y se mudan y la casa aparece como protagonista, una casa que se niega a ser dominada, con ratones que se pasean por la cocina sin dejarse impresionar por los nuevos inquilinos. Tobias tiene que crear, Anna busca su espacio en un lugar remoto y los vecinos comienzan a aparecer aportando una visión diferente del mundo a la que podían haber tenido en Londres. Lo salvaje, los instintivo, los sentidos parecen adueñarse de todo y la joven pareja se aferra a donde puede para sobrevivir.

     Una cocina a prueba de ratones es la historia de una lucha por seguir avanzando. Lucha contra prejuicios ajenos y propios, contra la mirada de otros y también contra la propia mirada. Es la historia de cómo hay impulsos que nos mueven incluso más allá de lo que pensamos y de cómo la vida, por difícil que parezca, nos deja grandes remansos de paz. Una buena novela, con momentos duros, y dulce como las confituras que prepara su protagonista... algunas con un regusto amargo.

     Y vosotros, ¿os dejáis ganar por el título de una novela sin mirar más alguna vez?

     Gracias.

jueves, 16 de junio de 2016

El niño en la cima de la montaña. John Boyne


     "Tres manchas rojas en un pañuelo.
     Pese a que el padre de Pierrot Fisher no había muerto en la Gran Guerra, su madre, Émilie, siempre decía que la guerra lo había matado.
     Pierrot no era el único niño de siete años en París que vivía sólo con uno de los progenitores. El niño que se sentaba delante de él en el colegio no veía a su madre desde que ella se había fugado con un vendedor de enciclopedias, y el matón de la clase, que llamaba a Pierrot Le Petit por lo pequeño que era, vivía con sus abuelos en una habitación sobre el estanco que regentaban en Motte-Picquet, donde se pasaba la mayor parte del tiempo dejando caer desde la ventana globos llenos de agua sobre las cabezas de los transeúntes, para luego insistir en que él no había tenido nada que ver con el asunto."

     Es inevitable ver este libro, fijarse en las líneas que forman los alambres de espino en la cubierta, y pensar automáticamente en El niño del pijama de rayas, gran éxito del autor. Quizás por eso me picó la curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, El niño en la cima de la montaña.

     Pierrot es un niño de ascendencia germano francesa que vive en París ajeno al momento histórico en que se encuentra. Es 1935, su mejor amigo es un judío sordo y no se espera el giro que da su vida tras la muerte de sus padres. Tras unos cuantos cambios de destino, Pierrot acaba en Alemania, bajo la tutela de su tía Beatrix, ama de llaves en Berghof, una casa que es, ni más ni menos, que la residencia de Hitler. Pierrot, que no sabía nada de los nazis, se transforma rápidamente en Pieter, un joven muy diferente del niño que llegó a esa casa.,

     Reconozco que no soy fan de El niño del pijama de rayas. No al menos de la forma habitual, ya que me pareció una fábula a ratos un poco exagerada. Un poco en esa línea se mueve este libro que bebe directamente del éxito del ya citado. Sobre todo en las primeras páginas cuando conocemos al protagonista y su amistad con el niño judío, es difícil no encontrar un regusto a la ya conocida historia de Bruno.
     Boyle opta en esta ocasión por colocar a su protagonista en la residencia de un hombre que pronto descubriremos como Hitler, de hecho, deja que el lector vaya justo un paso por delante del protagonista hasta casi su parte final, en la que juega con un golpe de efecto buscando que el libro perdure en la memoria de quien lo lee.
     Pieter se va transformando en esa casa en la que veremos el uso de los uniformes y también como reniega de su ascendencia francesa recordando sólo la alemana, una casa en la que no se hablará de aquel amigo suyo judío y en la que su inocencia irá perdiéndose al no tener más estímulos que los allí recibidos para ir madurando. No demoniza a su protagonista, y tampoco carga de sentimentalismo el libro, procurando de este modo que se auna lectura rápida y ágil en la que asistiremos a la transformación de Pierrot que pasa de ser el débil a el fuerte, sin importar demasiado la forma en que lo consigue o si tiene que delatar a alguien por considerarlo poco patriota.

     Boyle busca la reflexión, enfrentar lo bueno y lo malo y la posibilidad de corromperse en determinadas circunstancias. Sin embargo, me ha dado la impresión de estar ante un libro casi apresurado en el que los personajes hubieran podido estar mejor definidos; ganar un poquito de profundidad.

     En definitiva, El niño en la cima de la montaña bebe directamente, y si lo leéis entenderéis a qué me refiero exactamente, de aquella novela protagonizada por Bruno y creo que va dirigida particularmente a fans de la misma. Personalmente, y aunque la historia podría haber estado bien, considero que se ha quedado muy corta.

     Y vosotros, ¿fuísteis de los que disfrutasteis con El niño del pijama de rayas?

     Gracias

miércoles, 9 de marzo de 2016

El matón que soñaba con un lugar en el paraíso. Jonas Jonasson

     "Su vida pronto se llenaría de muertes y agresiones, maleantes y rufianes, aunque de momento solo soñaba despierto en la recepción del hotel más deprimente de Suecia."

     Tercer libro de un autor caracterizado por sus títulos larguísimos y peculiares y por la carga en sus letras de un peculiar sentido del humor que me traigo a casa, pero los que me conocen entenderán el motivo... el señor tenía un palo. Hoy traigo a mi estantería virtual, El matón que soñaba con un lugar en el paraíso.

     Per Persson, suyo nombre advierte el autor es tan curioso como llamarse Jonas Jonasson, es recepcionista en un burdel reconvertido en hotelucho. Allí pasa sus días pese a su juventud sin pena ni gloria y tampoco con muchos visos de que nada vaya a mejorar, entre maleantes y gentes de poco valor social. Y allí se aloja también Johan Asesino Andersson, un hombre cuyo alias explica perfectamente por qué ha entrado y salido de la cárcel varias veces. Un día llega al hotel una predicadora que embaucará en primer lugar al recepcionista hasta comerse su almuerzo y luego, tirando de labia, convencerá a estos dos hombres para comenzar una inverosímil aventura. Al menos hasta que Asesino tenga un problema de fe.

     Todos conocimos al abuelo de Jonasson y muchos además repetimos con su analfabeta, así que ya estamos familiarizados con esa peculiar manera de buscar el sentido del humor en lo cotidiano apoyándose en el defecto ajeno que practica el autor. En este caso, se trata de un trío de maleantes formados por un joven bastante pusilánime, una charlatana y un ex asesino decidido a limitarse a dar palizas para así no tener que volver a la cárcel. Será la predicadora, de vida bastante turbulenta y fe más que dudosa, la que decida profesionalizar la ocupación de Asesino y, de paso, sacar partido económico entre todos, y comenzar así una aventura que se verá trastocada cuando Asesino descubra, o crea descubrir, la fe. Esa que tenía perdida entre muertes y alcohol, y que comienza en horas sobrias haciéndole preguntas incómodas y le lleva por razonamientos extraños y que Jonasson aprovecha como filón de una novela que, por lo demás, sigue el esquema de las anteriores.

     Jonasson no se detiene en descripciones, proporcionándonos una vez más, personajes más que escuetos que, sin embargo, somos perfectamente capaces de imaginar gracias a sus palabras o actos. Busca, y consigue, la agilidad durante una lectura que se convierte en un entretenimiento sin aspiraciones a mucho más. Tal vez por lo familiar, no puedo decir que me haya gustado tanto como su segunda novela, a mi juicio la mejor de las tres, pero si que me ha parecido entretenida, de esas con las que uno sigue leyendo sin tener muy claro el motivo pero que tampoco abandona. Un libro que no pasará a la historia de mis lecturas, pero que me ha servido para estar en otro mundo un par de tardes.

     Comenzaba comentando a propósito de los títulos tan largos que utiliza el autor en sus libros. Algo en lo que creo que nos fijamos todos, así que decidme... ¿por regla general preferís los títulos largos o cortos?

     Gracias