Mostrando entradas con la etiqueta Philippe Claudel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Philippe Claudel. Mostrar todas las entradas
jueves, 7 de junio de 2018
La investigación. Philippe Claudel
"Cuando el Investigador salió de la estación, lo recibió una mezcla de lluvia fina y nieve fundida. Era un hombre de poca estatura, más bien rechoncho y casi calvo. Todo en él resultaba anodino, desde la ropa que llevaba hasta la expresión de su rostro. Si alguien hubiera tenido que describirlo, por ejemplo en una novela, o durante un procedimiento penal o en una declaración ante un juez, sin duda le habría costado esbozar su retrato. Era, por así decirlo, un ser evanescente, alguien a quien olvidas apenas lo ves. Su presencia tenía la vaguedad de la niebla, de los sueños o del aliento que exhala una boca. En eso se parecía a millones de personas".
Claudel me gusta más en sus formas que en sus argumentos, pero este sí que me llamó particularmente la atención. Hoy traigo a mi estantería virtual, La investigación.
Un Investigador cuyo nombre no nos es revelado llega a una anónima ciudad con un encargo claro: investigar por qué una Empresa tiene un índice de suicidios tan alto. Sin embargo, desde que llega a la ciudad, todo parecen dificultades para lograr su objetivo, ya sea acceder a la empresa, relacionarse o el propio hotel en que se aloja.
Esta novela es un claro homenaje a Kafka y su agrimensor intentando llegar a El castillo. A partir de esa idea comprendemos la existencia de este investigador y las dificultades que tiene para cumplir la misión que le es encomendada. Casi pareciera que, en esta ciudad sin nombre, el universo se confabulara para frustrar sus objetivos. Un universo en el que la gente funciona casi de manera mecánica y su único valor parece reducirse al a función que desempeñan, exactamente igual que sucede con nuestro investigador, a quien conocemos con "I" designadora de su tarea. Poco a poco nos va describiendo un ambiente opresivo en el que los diálogos serán la fuente de oxígeno, a ratos casi cómico, para que podamos seguir leyendo esta suerte de fábula social. Una fábula que se va tornando pesadilla incluso dentro de la propia historia para el protagonista ya que todo parece estar mal. Las dificultades ara llevar, la disfuncionalidad de la habitación del extraño hotel, las personas con las que se encuentra son poco serviles... todo ello nos va haciendo llegar a unas conclusiones a lo largo de esta novela corta. Además, la obstrucción de la realidad a que el Investigador realice su función no será el único problema que se encuentre, Claudel también pone su granito de arena al desdibujarlo ya en las primeras líneas y luego añadir que su estado parece permanentemente defectuoso. Ya sea hambriento, cansado o magullado, todo parece ponerse en contra de nuestro protagonista.
No me cabe duda alguna del mensaje de Claudel: la representación de un mundo totalmente alienado en el que apenas nos fijamos los unos en los otros en nuestra cotidianeidad. Vales para el prójimo lo que haces en tus funciones designadas, y para la sociedad el servicio que le prestas. Y en esta sociedad en la que quedamos reducidos a meros figurantes, ir contracorriente puede ser algo frustrante y complicado, lo fácil es dejarse llevar y ser uno más. Pero no es solo eso, además al finalizar esta novela, el lector tiene claro el motivo de dichos suicidios. Al menos en mi caso lo tuve bastante claro mucho antes del final y eso, amigos lectores, hizo que cerrase el libro y mirase a mi alrededor con un punto de angustia. El que Claudel hace saltar del libro a la vida cuando miramos a nuestro alrededor y pensamos: ¿y si....?
Me ha gustado La investigación. No es ni de lejos el mejor libro de Claudel, pero tengo que reconocer que lo he disfrutado posiblemente más como homenaje Kafka que como historia propia e individual.
Si vivimos en un mundo en el que cada cual tiene su lugar y función, decidme, ¿para vosotros cuál es la función de la lectura?
Gracias.
Etiquetas:
books,
El castillo,
Kakfa,
La investigación,
libros,
Mientrasleo,
Philippe Claudel,
salamandra
miércoles, 21 de febrero de 2018
Bajo el árbol de los Toraya. Philippe Claudel
"Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles."
Claudel tiene una forma especial de escribir que muchos descubrimos con Almas grises. Tiene una suerte de tristeza perenne en su todo que no consigue despegarse ni en los buenos momentos. Quizás por eso me ha costado acercarme a este libro cuya naturaleza triste se intuía ya en la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el árbol de los Toraya.
Esta vez conoceremos al narrador, y alter ego más que probable del autor. Realiza un viaje a Indonesia y descubre la forma que tienen en una zona de encarar la muerte. Con ella aún en la memoria, recibe la noticia de que su gran amigo Eugène tiene cáncer. La muerte de su amigo le servirá para hacer un recorrido sobre los muertos que le han rozado, pero también sobre su propia vida y las mujeres que han pasado por ella.
La muerte siempre ha sido un tema complicado, tanto en la vida como en la literatura. Y en esta última, recurrente. Quizás por eso Claudel ha querido dedicarle un libro a ella y concederle una doble lectura que representa perfectamente en la tradición funeraria de Sulawesi, Indonesia. Allí, como el narrador y cineasta descubre en un viaje, cuando un niño muere, es depositado en el tronco de este árbol como si se tratara de un féretro vivo. El árbol, herido en su corteza, va sanando y cerrándose manteniendo en su interior el cuerpo del niño, convirtiéndose en un féretro ahora vivo que sigue creciendo hacia el cielo. Esta costumbre tan chocante, intenta tener algo de curativo también para los padres que han sufrido la pérdida. Para cualquier persona ajena, no deja de ser una costumbre chocante, quizás por eso la usa Claudel en su libro: la muerte y frente a ella, la vida. La muerte, el dolor, el duelo y, frente a ella, la capacidad del ser humano para recomponerse y seguir adelante.
En la trama, el gran amigo muerto: la noticia, la llegada del inminente final, el recuerdo de sus últimas palabras. Los muertos en la vida del viejo protagonista: el padre, el compañero de alpinismo, el suicidio, convivir con la muerte... su exmujer y el niño muerto... las formas de aceptarlo: divergencias. Pero no aparecerá solo Florence, también hablará de su relación con una mujer croata, incluso una doctora tendrá relevancia. Todo ello son ingredientes para una vida y en toda vida ronda la muerte. Volvemos a ese rito casi homenaje a la vida que se realiza en Indonesia y reflexionamos junto al narrador sobre la necesidad de no olvidar a los muertos, pero también la de sobreponernos y seguir adelante. Y todo ello con el estilo de Claudel, la calma, la cultura rondando, la música, el capítulo en el que Kundera aparece por ejemplo, es sin duda alguna lo mejor de esta novela.
Claudel es escueto, para mi gusto demasiado en un momento en el que a muchos libros parecen sobrarles páginas. Me hubiera gustado que se extendiera un poco más, que desarrollase algunas preguntas, que se terminara de mojar y me obligara a mojarme a mi. Me he quedado con las ganas de decírselo al propio libro a medida que se acercaba el final. ¡venga, que tu puedes, estruja un poco, haz que sangre! Pero no lo llega a hacer. Quizás porque en ese caso se hubiera perdido el homenaje a su amigo muerto, a la amistad entre ambos, a esa relación especial que se tiene con quien se es afín y que hace pensar que habla de su amigo Jean-Márc Roberts, editor fallecido en 2013.
Pienso, porque este es uno de esos libros que obligan a pensar, que quizás sea este libro el ataúd vivo de papel que le entrega a su amigo, su propio rito no exento de poesía o de vida. Que sus reflexiones sean la forma de afrontarlo y que cada lectura sea un avance en el proceso de cicatrización de un árbol convertido en papel. O tal vez esté dándole demasiadas vueltas debido a la lectura, poco importa. el caso es que me gustan los libros que me hacen removerme, aunque sea a ratos incómoda. Eso es lo mejor que tiene Bajo el árbol de los Toraya, su poso, la permanencia en la mente del lector. Eso y el placer que es leer a Claudel.
Comentaba hace apenas unos días un escritor al que admiro que casi todos libros tratan de amor o de muerte, excepto los que trataban de amor y muerte a la vez. Puede que tenga razón, ¿qué me decís vosotros, son vuestros temas recurrentes en las lecturas realizadas?
Gracias.
Etiquetas:
Bajo el árbol de los Toraya,
books,
libros,
Mientrasleo,
Philippe Claudel,
salamandra
lunes, 9 de diciembre de 2013
Almas grises. Philippe Claudel
"No sé muy bien por dónde empezar. Es realmente difícil. Todo ese tiempo ido, que las palabras no harán volver jamás, y también los rostros, las sonrisas, las heridas... Pero aun así debo intentar decirlo. Decir lo que me roe el corazón desde hace veinte años. Los remordimientos y las grandes preguntas. Tengo que abrir el misterio con bisturí, como si fuera un vientre, y hundir en él las dos manos, aunque nada cambie nada de nada."
Conocí, como muchos, al autor por La nieta del señor Linh, y algo en la forma de expresarse hizo que buscara más obras suyas. Por eso hice una pequeña batida por sus títulos y este fue uno de los primeros que disfruté. Hoy traigo a mi estantería virtual, Almas grises.
Estamos en Francia, en un pueblecito cerca del frente en el año 1917. aparece entonces el cuerpo de una niña de diez años, Belle, y viviremos su antes y después, su investigación y los personajes de los que se rodeaba mediante un narrador casi atormentado por lo sucedido.
Sería fácil catalogar esta novela en base a su argumento como una novela negra. Y posiblemente sufriríamos una decepción si nos quedásemos simplemente en ello. Porque Claudel construye algo mucho más complejo. Nos traslada al pueblo y conocemos una historia coral en la que se nos presentan varios personajes con sus historias personales. La trama parece no ser más que una excusa para que nos traslademos a esta zona cerca del frente durante la Primera Guerra Mundial. Y lo hacemos junto a la joya del libro, que es el fantástico narrador, para conocer al juez, al oficial, vecinos, maestras, relaciones entre ellos, costumbres... para conocerlos a todos.
Las personas, las vidas, las cartas, van calando en el espíritu de un lector que se entrega sin resistencia a un libro en el que se muestra lo mejor y lo peor, sin juzgar y ni siquiera para ser juzgado. Nos muestra la vida, trágicamente hermosa.
Claudel sabe escribir y sabe transmitir. Escribe con una precisión que no se nos antoja forzada y con una capacidad descriptiva justa para no arrollarnos entre párrafos pero que "veamos" con ojos de lector cada escena, cada imagen, cada cara. Todo esto provocará que el lector que gusta de marcar párrafos termine por hacerlo con medio libro, si no es algo más. En esta su quinta novela, nos cuenta una historia que va más allá de la acción que aparece en su sinopsis, nos deja un libro que emociona, en el que se comunica con el lector a través de líneas de tinta y, sobre todo, que lo atrae con facilidad hacia sus letras.
Si aún no os habéis animado os recomendaría un acercamiento a Claudel. No os pongo título, lo mismo me da uno que otro, aún no me he topado con ninguno que no merezca la pena ser leído. Eso sí, sabed también que el primero siempre sirve para compararse con el resto, así que mirad las sinopsis y elegid bien. Pero por favor, no dejéis de hacerlo. Merece la pena.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias
Etiquetas:
Almas grises,
books,
libros,
Mientrasleo,
Philippe Claudel
jueves, 24 de enero de 2013
La nieta del señor Linh. Philippe Claudel
"Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.
De pie en la cubierta, ve alejarse su país, el país de sus antepasados y sus muertos, mientras la criatura duerme en sus brazos. El país se aleja, se hace infinitamente pequeño, y el señor Linh lo ve desparecer en el horizonte durante horas, pese al viento que sopla y lo zarandea como a una marioneta."
Muchas veces digo que hay muchos caminos para llegar a un libro. Este camino ha sido fácil: me lo recomendaron. Me lo recomendaron una y mil veces en la librería de la que ya os he hablado alguna vez, me lo ha recomendado mi entorno y me lo habéis recomendado en los blogs. Así que era de esperar que tarde o temprano llegase. Hoy traigo a mi estantería virtual, La nieta del señor Linh.
Conocemos al señor Linh, un hombre que toma un barco y deja atrás su país, la guerra y todos sus recuerdos, amigos familia... muertos. Llega así a un país del que no conoce ni la lengua junto a su nieta, Shang Diu, una niña tranquila que ignora la tragedia que la ha llevado a un piso de acogida y que es el centro de la vida de su abuelo. Contra todo pronóstico el señor Linh conoce a otro hombre, el señor Bark, con el que pronto estrechará los lazos de una fuerte amistad pese a que ni siquiera entienden lo que dicen.
Si ayer hablaba de la fuerza, la dureza y el mal todo ellos expresado en pocas páginas, hoy vuelvo a hablar de un relato corto o no vela larga. Pero muy distinto. En este libro el autor de Almas grises emociona al lector. Nos habla de coraje, de amor incondicional, de lucha, de amistad y sobre todo de ternura. De hecho, si tuviera que definir este libro en una sola palabra diría que es hermoso. Porque es hermoso de muchas formas. Está escrito de una forma hermosa; sencilla, natural, que da fuerza a los pequeños gestos, pequeños detalles importantes y deja de lado datos como el país al que llega el anciano. Y la historia también es hermosa, la inmigración, la guerra, la amistad... van calando poco a poco en el lector que descubre la fuerza de una mirada o de un abrazo por encima de las palabras. Está lleno de gestos que nos hacen sonreír como una nana transmitida de generación en generación o un saquito con tierra de un lugar al que no se va a volver que van consiguiendo poco a poco establecer ese hilo invisible que se crea entre lector y protagonista cuando este último se va convirtiendo en amigo. Cuando le vamos haciendo un hueco en nuestra mente y corazón para que permanezca ahí una vez cerramos el libro porque sabemos que nos va a dejar su huella personal. Porque justo eso es lo que hace nuestro ya querido señor Linh.
Mención aparte para el final del libro. Tal vez porque iba advertida, no me sorprendió tanto. El autor va camuflando huellas para que sean recogidas poco a poco por el lector, pequeños detalles que hacen que vamos captando como si fueran las migas de pan en un camino y que nos llevan a un final hermoso. Vaya, ya he vuelto a utilizar la misma palabra otra vez. No es necesario que algo sea alegre para que sea hermoso, no es necesario que un libro sea extenso para que nos deje huella, y no son necesarias las palabras para expresar los sentimientos. Por todo esto y un par de razones más, me uno a la recomendación de La nieta del señor Linh.
Y vosotros, ¿me podéis decir algún personaje al que recordéis de una forma especial?
Gracias
Etiquetas:
La nieta del señor Lihn,
Philippe Claudel
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

