lunes, 31 de octubre de 2016
La vida sexual de las gemelas siamesas. Irvine Welsh
"2-4-6-8 who do we appreciate?
Las cifras son al gran obsesión norteamericana. ¿Cómo dar la talla? Nuestra economía ruinosa: los porcentajer de crecimiento, el gasto de los consumidores, la producción industrial, el PIB, el PNB, el Dow Jones. Como sociedad: los homicidios, las violaciones, los embarazos adolescentes, la pobreza infantil, la inmigración ilegal, los drogadictos (oficialmente reconocidos y no). Como individuos: la altura, el peso, las caderas, la cintura, el pecho, el IMC...
Pero la que causa la mayor parte de los problemas es la cifra que tengo ahora mismo en la cabeza: 2."
Me regalaron este libro hace un tiempo, pero con semejante título not enía del todo claro lo que me iba a encontrar, sobre todo porque del autor de Trainspotting me espero cualquier cosa. al final, todos acaban pasando por mis manos y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual: La vida sexual de las gemelas siamesas.
Vivimos en un mundo en el que la operación de dos gemelas unidas por el tronco, por lo que solo quedará una viva, se convierte con facilidad en un fenómeno mediático. Así somos. Y es en este mundo en el que una entrenadora personal llamada Lucy se convierte en una celebridad al desarmar a un hombre que iba a matar a dos personas con su pistola. Estamos en Miami, y su proeza es grabada por una mujer llamada Lena Sorensen que se obsesiona con ella y la contrata para adelgazar.
Con estas premisas, más un cadáver, sexo, depresión, obsesión, estética, comida y adicciones, Irvine Welsh teje una suerte de comedia negra satírica sobre la sociedad actual en la que no deja títere con cabeza. Y es que su novela tiene puntos muy interesantes, desde el circo mediático hasta la obsesión por la talla que se usa, el apetito desmedido que se siente todo el día o el esclavo del gimnasio. Puedes llevar una vida terrible sujeto literalmente en este caso, o aferrado por deseos, pero si se vive con un aspecto fantástico, hay que decirlo. Y eso todos lo entendemos, sabemos de lo que habla Welsh aunque éste ha optado por llevarlo al extremo en su novela.
Narrada a varias voces, y comenzando por Lucy, somos incapaces de sentir la más mínima simpatía hacia ella. Pero tampoco rechazo como tal, y es que, el autor carga tanto las tintas en su odio y desprecio hacia todo, que consigue ser el rechazado por encima de su propio personaje. Cuando la voz cambia a la obsesiva y deprimida Leda, tampoco cambian mucho las cosas y nos sentimos atrapados en una novela en la que la exageración se le ha ido de las manos al autor en una maraña de palabras malsonantes que supongo pretenden pasar por lenguaje de la calle.
No sé si he asistido a la novela en la que Welsh quiso ser Bukowsi aderezado con Palahniuk, pero se le va la mano hasta adentrarse en el camino de la vulgaridad, y lo hace sin excusa ni miramientos: hasta el cuello. Y con ello lo único que consigue es desdibujar una idea que me ha resultado atractiva, incluso buena, para ser desarrollada con calma y siguiendo una trama que en manos de otro escritor hubiera dado lugar a un gran libro. Incluso, si el autor fuera Ellis, a una novela de terror.
La vida sexual de las gemelas siamesas es una novela cuyo eje argumental me ha parecido fantástico, incluso brillante, pero que queda totalmente eclipsado por una narración poco afortunada, ordinaria, que termina echando a perder lo que hubiera podido ser un buen libro. No era necesario tanto, señor Welsh, de verdad, eso no es provocar.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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jueves, 27 de octubre de 2016
Sombras de agua. Félix G. Modroño
"Nada puede vencer a una maldición amparada en creencias divinas. Y la desaparición de una reliquia sagrada solo podía significar un futuro lleno de desgracias. Fernando de Zúñiga lo sabía bien, aunque su escepticismo le impedía compartir la zozobra que a buen seguro se apoderaría de los valencianos en cuanto se corriera la noticia por los mentideros de la ciudad,"
Hace ya unos cuantos años que descubrí las letras de Félix G. Modroño, y es cierto que desde entonces he sido puntual a las citas en la librería con cada una de sus novelas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Sombras de agua.
Estamos en invierno del año 1684 y el doctor Zúñiga parte desde la ciudad de Valencia hacia Venecia con una misión importante acompañado por su fiel Pelayo. Sin embargo, al llegar allí el dux le hace llamar poniéndole al corriente de un misterioso mensaje que amenaza a una ciudad inmersa en esos momentos en una importante reunión, contando para esta misión con la ayuda de una carismática mujer llamada Elena Corner. Poco sabe Zúñiga en ese momento que el propio dux será el primero de una serie de muertes que tendrá que investigar.
Sombras de agua es la tercera entrega de las novelas protagonizadas por Don Fernando de Zúñiga y, aunque no es necesario haber leído las anteriores para llegar a esta, ya que todas comienzan y concluyen la historia en los títulos, si que es un placer ver como un personaje crece a medida que el autor avanza con él. En esta ocasión, el autor nos lleva de viaje desde Valencia hasta Venecia en una época perfecta para desplegar esa narración basada en ambientes, gestos, vocabulario y sensaciones a las que nos tiene acostumbrados, tanto en la presente serie como en sus novelas independientes.
Zúñiga viaja acompañado de su inseparable Pelayo para cumplir una misión y se encuentra con problemas desde su llegada a Valencia, lugar en el que se produce un robo amén de un altercado en la plaza que, pronto descubriremos, tendrá una íntima relación con la historia. A partir de aquí, el autor hace gala de las virtudes a las que tiene acostumbrados a sus lectores habituales, consiguiendo que la ambientación, y particularmente la ciudad en la que la historia se desarrolla, se convierta en uno más de los personajes. Y es que para Modroño, la fusión entre lo histórico y la trama de misterio, el thriller, viene siendo un sello habitual, y será en este caso la ciudad de Venecia en la que vayamos descubriendo el rastro de muerte que deberá ser atajado por el doctor Zúñiga. Nos muestra una ciudad que parece debatirse entre reuniones científicas y tradiciones vestidas de carnaval , convertida en una suerte de mágico lugar lleno de música que se esconde a ratos en sus famosas nieblas. Una ciudad reconocible para quienes la hayan visitado y deseable para cualquier lector, en la que, además, nos presenta a Elena Corner, un personaje realmente fascinante que nos permitirá conocer un poco mejor a Don Fernando de Zúñiga. Y es que esta es una novela de personajes que arrastran al lector por una interesante época que el autor sabe plasmar basándose más en pequeños detalles, que en grandilocuentes descripciones, ya que su prosa se caracteriza precisamente por eso, por esa aparente sencillez que facilita la lectura y que puede hacer pasar desapercibido al lector todo el trabajo y documentación necesarios para lograrlo.
Tras La sangre de los crucificados y Muerte dulce y con unos protagonistas si cabe más humanos aún, el autor nos ofrece en esta tercera novela autoconclusiva al igual que los anteriores, la opción de un viaje en el tiempo con una trama solvente y sin fisuras que he disfrutado desde las primeras páginas. Una trama lineal con una buena resolución y una novela para sumergirnos en esos universos que parece convertir en únicos la pluma del autor y que tanto suelen gustarnos a los lectores, por eso de sentirlos nuestros, unas cuantas tardes. Y, si pensáis acercaros al personaje, recordad que también se puede empezar por aquí.
Hoy recordaba, o presentaba seguramente para muchos, a un personaje que protagoniza varios títulos, por eso os pregunto, ¿recordáis con un cariño o entusiasmo particular al protagonista de alguna serie, saga o similar que queráis compartir?
Gracias.
PD: El booktrailer
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miércoles, 26 de octubre de 2016
Falcó. Arturo Pérez-Reverte
"La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era la suya una conversación banal, intrasdendente: la temporada de Biarritz, la última película de Clark Gable y Joan Crawford. La guerra de España apenas la había mencionado de pasada en un par de ocasiones. Lorenzo Falcó la escuchaba con un cigarrillo a medio consumir entre los dedos, una pierna cruzada sobre la otra, procurando no aplastar demasiado la raya del pantalón de franela."
Cada libro de Pérez-Reverte desata una pequeña ola de impacto entre seguidores y detractores del autor, tan mediático como polémico, en las redes y mesas de bares a media conversación. Y cada vez acudo a la librería con curiosidad incapaz de resistirme. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Falcó.
Conocemos a Lorenzo Falcó mientras ejecuta una misión, nunca mejor dicho, y recibe el siguiente encargo. En noviembre de 1936, con la Guerra Civil española resonando en las calles, hay encargos que pueden ser muy peligrosos y cambiar el rumbo de un país, encargos que llevan asociados nombres que todos conocemos. Y ese es el tipo de encargo que recibe Falcó.
La nueva novela de Pérez-Reverte sirve de cata de presentación para el que empieza a ser llamado sustituto de Alatriste en la trayectoria literaria del autor. Era inevitable, supongo, que desde que el propio autor confirmara que estamos ante el comienzo de otra saga, salieran a la calle similitudes y diferencias entre ambos protagonistas perdiéndose, quizás, lo importante a la hora de hablar de una novela que es el argumento en sí. Y es que Falcó es una novela de género que Reverte ha hecho "nuestra". Y eso supone que ha castellanizado tópicos para adaptarlos a la que, por formato y definición, se puede denominar como bestseller desde las primera páginas.
Utilizando un narrador omnisciente, y sin buscar grandes excusas para contarnos abiertamente lo que piensa tal o cual personaje, Reverte opta por ambientar su novela en la, inicialmente, farrangosa época de la Guerra Civil española. Y digo farrangosa porque es una época tan interesante como peligrosa ya que muchos lectores tomarían partido por uno u otro bando y, para más inri, Falcó milita en el lado contrario al habitual. Sin embargo pronto nos queda claro que su bando no es ideológico como tampoco lo es la novela, ya que el autor reparte a uno y otro lado sin importarle el lugar que militan y, sobre todo, sin buscar buenos en una novela en la que, lo único que están o no (que no hablamos ahora de si son) buenas, son las mujeres.
Falcó es un tipo duro de ojos grises y gabardina, con pitillera de Carey y sin problema para moverse en los mejores lugares o con la peor calaña. Es un tipo rudo, mujeriego, afilado y seco que oscila entre lo que una mujer podría denominar chulo y su propio espejo "canalla", pagado de sí mismo y con un código ético y moral propio que no necesitamos aprobar para seguir leyendo en una historia que terminamos sin apenas darnos cuenta. Y cuidado, puede que incluso al final del libro, el lector desprevenido descubra que este nuevo antihéroe de Reverte, le cae bien.
La novela está medida, las descripciones son justas, incluso escuetas y los personajes que acompañan al protagonista distan mucho de la complejidad en una historia que entretiene y divierte a partes iguales; algo que parece cada vez más difícil de conseguir, además de ser criticado por un sector literario que parece pensar que todos los libros están para darnos clases magistrales a los lectores. Y eso que imagino a Reverte a media sonrisa, pensando en la cara del lector cuando descubra el nombre de Primo de Rivera. Porque si que hay una pequeña lección escondida sobre temas literarios en la novela, y un par de preguntas que me quedo con las ganas de realizarle al autor sobre la parte más divertida del libro. Esa que no puedo contaros porque hay que descubrirla entre sus páginas.
De momento, os diré que la novela funciona, que le auguro larga vida a su protagonista y que me lo he pasado francamente bien.
Y ahora viene la pregunta que no se hace, pero sí. reverte es un escritor del que se habla y se opina día sí, día también, ¿creéis que influye la opinión que se tiene de un escritor a la hora de ir a la librería y decantarnos o no por sus títulos?
Gracias.
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lunes, 24 de octubre de 2016
Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azueles, los astros a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y aveces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo".
A mucha gente le cuesta leer poesía. Es un género que suele antojarse aburrido a los ojos del lector habitual de novela y que, al mismo tiempo, apasiona al aficionado al género. No parece admitir medias tintas, salvo algunas excepciones. Poemas que se convierten en una suerte de mantras que todos llevamos dentro, como un lunar en la piel del que no puedes desprenderte por mucho que frotes y que se acaba convirtiendo en algo tuyo, preciado. Eso sucede con algunos poemas y algunas voces. Pocas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
El resumen de este pequeño pero enorme poemario nos lo da el título. Veinte poemas, ni uno menos, sin título, sin marca, a veces numerados y en este caso separados por una página hermosa con su comienzo, forma en que muchas veces se da a conocer cada uno. Una canción desesperada, la última, la única que lleva título, el broche de oro tantas veces escuchado para un libro sentido, suspirado y dolido. Y en esta ocasión un prólogo firmado por Ospina, como ya hiciera con los Sonetos incluidos en esta misma colección, en el que se nos habla de Neruda y sus sentimientos desde la versión más literaria, convirtiendo ese prólogo que a veces se antoja tedioso sin ser leído y uno tiene ganas de saltarse prometíendose leerlo al final y sabiendo que será una promesa fallida, en un placer inesperado que realizamos incluso acompañados de Verlaine.
Pero hablemos de los poemas, que parecen llenos de empalagoso romanticismo hasta que empezamos a leerlos. Y entonces descubrimos que hay sentimientos universales, como la alegría o el duelo, y que entre ellos está el amor. Neruda habla del amor desde la pasión de la juventud, ese momento en que cada amor es el primero y cada beso el único. Y se ayuda de la naturaleza para dar fuerza a unas palabras sentidas por todos en algún momento. Por eso no es recomendable la lectura continuada de este libro, es preferible ir despacio y leer, por ejemplo, cada día un poema un par de veces. Porque lo contrario sería banalizar el contenido, no llegar a ver el enardecimiento, la alabanza y la profunda melancolía que destilan las palabras del entonces joven poeta. Y finalizar entonces con esa canción.
La poesía, si uno no está acostumbrado, puede parecer tediosa o compleja, quizás por eso muchas veces es adecuado acercarse a ella a través de versos conocidos y profundizar un poco. Tomarse un café en una tarde lluviosa, disfrutar del silencio, y leer despacio hasta enamorarnos de las palabras. Y posiblemente es a eso a lo que invita Neruda, el poeta que enamoró mil veces con sus palabras mil veces dedicadas a otras tantas mujeres. Quizás por eso no me voy a poner a hablar de versos alejandrinos o de aquellos otros en los que rompe la rima o la métrica; tal vez por eso no me extenderé para explicar sus metáforas potentes impulsadas por su lenguaje sencillo y tampoco hablaré de la naturaleza o del mar. Porque dicen que el poeta aspira a trasladar sentimientos, a provocar el contagio mano (suya) a ojo (del lector), y ponernos técnicos podría ser una suerte de vacuna que no quiero responsabilizarme de daros. Para leer a Neruda, que por otro lado es mucho más que este poemario, hay que hacerlo con la mente en blanco. Y entonces, disfrutar.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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viernes, 21 de octubre de 2016
Una buena chica. Mary Kubica
Lecturas para alternan, un libro divertido a modo de page turner que nos sirva para compensar de algún modo una lectura más sesuda que no nos apetece sacar de casa porque así la leemos sin distracciones. Por eso llegué a este libro, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Una buena chica.
Conocemos a Mía Dennett. Una joven que ha sido secuestrada y rescatada por la policía pero que regresa a casa con amnesia, sin poder ayudar ni hacer nada por superar la situación que le ha llevado a padecer esa amnesia. Ella solo sabe que su nombre es Chloe. Para recorrer los sucedido buscaremos las voces de quienes mejor conocen el caso.
En un primer momento el argumento no es demasiado original, un secuestro, pero la autora decide dar una pequeña vuelta de tuerca. Aquí ya conocemos el resultado desde la primera página, Mía ha vuelto a casa, y haremos el recorrido completo hasta llegar a ese punto para incluso, avanzar un poco. Para ellos estructura la novela en tres voces y dos tiempos: la madre, Eve, el policía, Gabe, y el propio secuestrador, Colin, nos irán relatando lo sucedido y los actuales avances en el estado de Mía mientras nos avisan de si hablan de lo sucedido "antes" o "ahora". Y todo esto que parece complicado dicho así, la autora consigue que resulte sumamente sencillo durante la lectura, de tal modo que no nos deja en ningún momento de la mano para que veamos el desarrollo de los acontecimientos, tanto entre el secuestrador y su víctima, como en la casa de la secuestrada. De hecho, fuera de toda voz se alza un personaje, el padre de Mía, que pronto cobra un gran protagonistmo por su actitud y desdén.
Veremos la infelicidad de la joven y también las reacciones encontradas a su regreso. Descubriremos la visión de un policía que parece se involucró quizás demasiado en el caso de una chica que pudo haber huido en lugar de ser secuestrada y también veremos desde el primer momento la relación entre secuestrador y Mía en una curiosa evolución que la autora pretende cerrar con una sorpresa final.
El resultado es un libro entretenido al que no se le puede pedir demasiado más allá de eso. Es verdad que da carpetazo a algunas líneas argumentales con un par de frases y que no busca credibilidad ni profundidad en sus personajes. De algún modo uno tiene la sensación de estar ante una novela cuyo hilo despega y tiene que empezar a tapar agujeros por el camino. Y es que me hubiera gustado un poco más saber sobre los sentimientos de cada personaje, pero no los que se expresan fácilmente, sino los de verdad que en algún momento insinúa pero jamás termina de presentarnos la autora del libro. Pertenece a ese tipo de libros que cuando pasen unos meses se te han desdibujado y no tienes claro si te suena o lo has leído realmente, porque no llegan a impactar al lector, así que esta vez lo dejo a vuestra elección. Hay muchos libros parecidos y que cada cual elija con los que se tropieza.
Esta vez mi pregunta va a ser sencilla. Se ha criticado la literatura de evasión como si fuera literatura de segunda. Y yo os pregunto, como lectores, ¿qué opináis de ese concepto?
Gracias.
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jueves, 20 de octubre de 2016
Nosotros en la noche. Kent Haruf
"Y entonces llegó el día en que Addie Moore pasó a visitar a Louis Waters. Fue un atardecer de mayo justo antes de que oscureciera.
Vivían a una manzana de distancia en la calle Cedar, en la parte más antigua de la ciudad, con olmos y almezos y un arce que crecían a lo largo del bordillo y jardines verdes que se extendían desde la acera hasta las casas de dos plantas. Durante el día había hecho calor, pero al anochecer había referescado. Addie recorrió la acera bajo los árboles y giró ante la casa de Louis."
Poco a poco uno aprende de quién fiarse en las recomendaciones, así que cuando Ferran me recomendó este libro, lo anoté junto con la fecha de salida a la venta. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Nosotros en la noche.
Conocemos a Louis y Addie el día en que Addie realiza la propuesta más insólita que uno pueda imaginar a su vecino Louis: dormir juntos. Le propone que ellos, que ya tienen una edad y son viudos y vecinos, pasen juntos esas larguísimas noches solitarias que se antojan eternas cuando uno no está durmiendo. No sexo, le propone cariño y compañía, no preocuparse de si alguien les ve o si critican; le propone consuelo y confianza, intimidad... Y al día siguiente, Louis acepta.
Kent Haruf comenzó esta novela sabiendo que iba a morir, desconociendo si sería capaz de terminarla a tiempo. Pero lo hizo, no llegó a verla publicada, pero sí finalizada y sabiendo que se iba a publicar. Y su esposa ya viuda comentaba en su día que Haruf le había dicho que iba a escribir una novela sobre "nosotros". Y oosiblemente así sea, porque todos reconocemos las charlas de cama, sin luces, de piel y sentimientos que son las que realmente le otorgan la dimensión adecuada a la palabra intimidad y no el simple sexo. Es un libro sobre lo cotidiano, protagonizado por personas normales a las que, salvo esa excentricidad que uno comprende rápidamente, no les diferenciaríamos de mil más que fueran como ellos. Y su excentricidad, el dormir juntos, es casi necesaria una vez nos la explican.
Con esta premisa como punto de partida, Haruf despliega sus magníficas dotes dejando una novela hermosa en la que dos personas se desnudan recorriendo sus vidas al amparo de la noche. Dos personas que se van sintiendo cercanas y que deciden ignorar al sus vecinos cuando murmuran fortaleciendo la relación que tienen entre ellos.
Cerramos el libro emocionados echando ya de menos a Louis y Addie, sus conversaciones, sus sentimientos que el autor nos ha ido demostrando a través de la visión de uno y otro. Sus historias, sus tragedias, un hijo, un nieto... todo se vuelve hermoso cuando las palabras salen de dentro, y quizás por eso en su título original se dice Our souls at night, porque hablan las almas. Y, ahora que ya os habéis olvidado de que hace una pequeña eternidad hablé de sexo... os lo recuerdo, porque Haruf también lo hace, porque es parte de la vida. Pero no os contaré más del libro, del que hay mucho que hablar y poco que contar para no estropear lo que el lector llega a sentir.
Siempre he pensado que escribir una historia normal, sobre personas normales, es lo más complicado. Es fácil conseguir interés cuando hay un atraco y tres muertos, eso lo hace cualquiera. Pero tornar lo normal en extraordinario está al alcance de muy pocos, y el placer de encontrarlo es una sensación irrepetible. Justo como sucede con este título.
No había leído nada de Haruf, y llego ya con el pesar de quien descubre unas letras que le hacen emocionar y reír, y las descubre cuando su autor ya ha fallecido, y uno empieza directamente ante una cuenta atrás. O tal vez solo haga eso yo, decidme, ¿sois fieles a algún escritor vivo o muerto?
Gracias.
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martes, 18 de octubre de 2016
Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout
"Esta es mi historia. Ésta. Me llamo Lucy Barton."
Y finalmente sucumbí. Me pudo la curiosidad ante las buenas opiniones y decidí leer este libro, posiblemente empujada también por lo mucho que me gustó el anterior título de la autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, Me llamo Lucy Barton.
Conocemos a Lucy Barton con una vez en primera persona que habla desde el futuro. Tras una operación menor está ingresada en un hospital mientras buscan un diagnóstico para lo que le sucede. Está sola y pasa muchas horas sola, hasta que llega su madre. Y cinco días y cinco noches juntas se llenaran de palabras y de silencios que intentan cubrir los años de separación mientras somos testigos de lo que sucede en esa habitación.
Dicho así puede parecer un argumento sencillo, simplista, quizás haya que explicar un poco más. Como que el lector duda sobre si la enfermedad es real o psicosomática (no por ello menos real, si acaso menos perceptible), si echa de menos tanto a sus hijas pero Lucy es una mujer que se siente sola y culpable: culpable de abandono de una vida que parecía marcada, sola como para buscar una compañía inesperada en el hospital... Y que es una novela de tiempos: tiempo en el que somos hijos y tiempo en el que dejamos de serlo, y también de silencios. Somos testigos entre cuatro pareces del transcurrir de los días cuyo reloj son las luces del edificio que se ve desde la ventana. Testigos de cómo una hija se reencuentra con una madre que parece incapaz de expresarse en el presente salvo cuando sus palabras se quedan en apenas una sombra, y de cómo una madre habla de un pasado duro y rígido en una zona rural que parece opuesto a la vida en la ciudad, lejano, casi irreal... pero no lo es. Cuando uno profundiza en todos estos temas a lo largo de una novela en la que la autora no ha desperdiciado páginas en sentimentalismos vacíos, y quizás por eso tiene la medida justa.... descubre que la historia sigue siendo la misma.
A veces, como ha sido el caso, un lector se acerca a una novela buscando los sentimientos ajenos en ella y no los encuentra. Me ha parecido banal, e impersonal en el tono y no ha logrado conmoverme esta historia; quizás por sabida, quizás por ver venir desde lejos lo que la autora pretendía. Pero me he sentido fuera de lugar. No durante la lectura, pero si en los tiempos de reposo. Esos que uno emplea entre páginas y recapacita sobre lo leído. Esos en los que el libro se asienta y sentimos las palabras y que, en esta ocasión sólo me decían: "¿y esto es todo?". Porque el libro está bien escrito, podemos hablar de la prosa y de las frases, de los adjetivos dichos y los sentimientos no manifestados, pero en realidad poco más a destacar he encontrado. La historia que debió conmoverme se convirtió en la ventana hacia la vida de una mujer insatisfecha, tal vez por esa sensación de deber no cumplido o haber crecido demasiado deprisa. O quizás fue eso y todo que no logramos empatizar, ni sentí interés por lo que le sucedía. Me hubiera gustado más conocer a la madre, y que fuera ella quien me hablase con el corazón en la mano. Pero no me hagáis caso porque posiblemente sea yo, siempre me han interesado más quienes no llaman tanto la atención porque siempre he creído que ahí, justo ahí, se encuentran los tesoros.
Mi nombre es Lucy Barton es una novela sencilla y bien escrita que se convierte en una lectura solvente pero que, en mi caso, se ha quedado cortísima, casi vacía. Es lo que tiene muchas veces abrir un libro mirando opiniones ajenas.
Y vosotros, ¿no teméis ese momento en que las expectativas se convierten en la losa de un libro?
Gracias.
"La vida no deja de asombrarme."
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