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viernes, 29 de septiembre de 2017
Berta Isla. Javier Marías
"Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido, de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él. Pero también ella se había hecho mayor por su cuenta, en su ausencia, era muy joven cuando se casó."
Tengo bastante claro que para mi uno de los grandes nombres de la literatura en nuestro país es el de Javier Marías, cuyos libros pueblan mis estantes y mi memoria lectora. Por eso recibí su nueva novela como un acontecimiento y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Berta Isla.
Conocemos a Berta Isla, una mujer que conoce siendo aún adolescente a Tomás Nevinson. Ambos se enamoran y pronto son conscientes de que entre ellos existe el tipo de amor que conduce a las parejas al matrimonio, aunque a veces estén separados ya que ella estudia su carrera en Madrid y él en el lejano Oxford. Será en ese momento cuando Tomás comience sus pasos en el mundo del espionaje, provocando que su amor, y por extensión sus vidas, no sean habituales.
No se puede hablar de Berta Isla sin hablar de toda la obra de Javier Marías ya que está profundamente entrelazada con alguno de sus libros más conocidos. Tiene el autor varios títulos agrupados bajo el nombre Ciclo de Oxford, por ejemplo, con el que Berta se relaciona de forma directa ya que, para empezar, en Oxford, un día cualquiera, se produce un momento determinante para la acción de esta historia. Muy importante además es esa expresión de un día cualquiera, ya que la novela trata de esa parte de la vida en la que suceden las cosas que no elegimos porque no podemos hacerlo, y es que, si nacer no es decisión nuestra, muchas de las decisiones de la vida tampoco lo son de tan empujados que nos vemos a ellas.
Pero volviendo al universo de Marías, recuperaremos en esta novela a personajes de Tu rostro mañana, sir Peter Wheeler hispanista, y Bertram Tupra, reclutador, para más datos (me permito aquí un pequeño inciso para preguntarme si más lectores pensaron que podría aparecer un profesor ya que había otras visitas...). Aunque no es necesaria su lectura para acometer la historia de Berta, los fieles lectores de Javier Marías, construimos con gusto ese universo en el que personajes y formas son rescatados, a medida que vamos leyendo su obra, quizás por eso también tuve presente Los enamoramientos, durante su lectura. Es constante también la presencia del amor por la literatura del su autor y es que, aunque en esta ocasión no ha utilizado una cita de Shakespeare para darle título a su obra, veremos una vez más referencias literarias atribuídas o no a grandes nombres como T. S. Eliot o Dickens.
Como no iban a ser todo similitudes, marca como gran diferencia, el uso de la tercera persona, que hacía mucho tiempo si es que recuerdo haberlo leído, que el autor no retomaba. En esta novela en cambio, alternará la tercera persona con la primera, de una forma a mi ver más que acertada teniendo en cuenta el tema central.
Y ahora la historia de amor, ya que dicen además que todos los libros tratan en realidad de amor y esta es una novela de espías en la que no se narran aventuras. Berta y Tomás se enamoran de una forma sólida en una época convulsa de revueltas y avances. Pronto comprendemos que las separaciones forman parte al principio de una suerte de intermitencia no computada en su relación que, sin embargo, al comenzar la novela de espías y comenzar el secretismo, van haciendo mella en Berta quien parece empezar a desdibujarse a sí misma a la vez que se define para el lector. No en vano decía Marías que era una novela sobre la espera desde quien espera, y esa es Berta que, como Penélope, espera el regreso de un marido cuya imagen se aleja al igual que determinadas certezas. Y aquí entra el enorme acierto del autor al tratar su novela alternando la tercera persona y la primera, ya que si hubiera utilizado solo la primera, si Berta hubiera sido la única que nos contara su historia, hubiera sido un libro "cojo". Aunque no entraré en más detalles, ya que los libros hay que irlos descubriendo en sus páginas con, si acaso, alguna pequeña guía que no desvele datos, si acaso caminos.
Quienes busquen una novela de aventuras, que no se acerquen, ya que fiel a su costumbre el autor arma su obra de frases largas que aprovecha para disertar con reflexiones tanto del narrador, tal vez del propio autor, como de los personajes. Y ese es, para mi, el signo más característico de toda su obra. La posibilidad de adentrarnos en las reflexiones de una generación que parece haber decidido acotar, ya que hace unos cuantos años que se plantó en el calendario a la hora de ambientarse, y que obligan al lector a mirar problemas ajenos que pueden ser propios; que le hacen detenerse, convirtiendo esas paradas en una virtud y no en un lastre para la lectura.
Berta Isla me ha gustado, ha sido un libro que he disfrutado página a página y cuya lectura recomiendo como recomendaría, en realidad, la lectura de cualquier otro título del escritor Javier Marías.
Hay escritores cuya obra nos fascina y leemos todos sus´titulos. Hoy no he tenido pudor en señalar uno de los míos, ¿de quién leéis todo lo publicado?
Gracias.
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sábado, 23 de septiembre de 2017
Javier Marías: En la literatura todos hemos sido intrusos
Este mes veía la luz Berta Isla, la novela número 15 de Javier Marías, y la primera que lleva nombre de mujer. Tras tres años esperando, no es de extrañar que muchos de sus lectores estuviéramos pendientes de la llegada de Berta a las librerías para poder volver a disfrutar de la prosa de su autor, que dirigía una mirada casi divertida a los medios antes de sentarse a responder las preguntas sobre su último libro.
La primera pregunta recibida por el escritor fue sobre la muerte del poeta John Ashbery, ya que Javier Marías es uno de sus traductores, y se mostró entristecido con la noticia, revelando además que tenía pendiente responder a un mail recibido unos días antes. Y ahí empieza a descubrirse un poco el carácter de Javier Marías cuando nos explica que "en realidad yo no contesto mails, fíjese si soy antiguo, los mails que recibo se imprimen y luego los respondo en un papel que una persona se encarga de escanear y enviar" y es que no es la primera vez que Javier Marías habla de su nula presencia en las redes sociales y su escaso interés en determinadas formas de tecnología. Aunque eso no evita que sea más que consciente de los revueltos que a veces se forman por sus declaraciones en las redes sociales. A mi esto me lo cuentan -afirma. Y se muestra sorprendido y casi apenado por este tipo de fenómenos. Yo cuando escribo un artículo, me molesto en prepararlo, en argumentarlo, y luego descubres que la gente no se para a leer, a analizar, que es lo que hace que ese esfuerzo al escribirlo merezca la pena. Se quedan con una frase, a veces ni el titular, o con lo otro dijo que dije, y con eso les basta.
De Berta Isla nos explica que es una novela de espías, pero no al uso, ya que es una novela sobre quien espera. Un tema recurrente que siempre ha interesado al escritor. No es un tema nuevo en la literatura o el mundo, ya Penélope estuvo esperando a Ulises, aquél primer desaparecido, y en mi obra también lo he tratado.Hay un cuento que escribí hace mucho, La canción de Lord Rendall, en el que se trata este tema, pero supongo que siempre quise tratarlo en profundidad. La lectura hace unos años del que para mí es un gran libro, La mujer de Martín Guerré de Janet Lewis (y que el autor ha publicado en su propia editorial, Reino de Redondela), hizo que resucitaran esas ganas de tratar el asunto en profundidad y, en el propio libro, hay una clara alusión a Wakefield, una novela corta de Nathaniel Hawthorne que trata de la historia de un hombre que decide desaparecer de su casa durante muchos años, quedándose a vivir cerca de su familia y conviertiéndose en un espía por propia voluntad hasta que, pasados esos años decide regresar. Me atraía adentrarme en las historias de estas personas que se van, a veces a una guerra, otras incluso por voluntad propia. Es un hombre porque tradicionalmente lo fueron, ya que se iban a guerras o expediciones.
La espera -continúa- tiene algo de adictivo. Quien vive mucho tiempo en ella se acostumbra, aunque no lo haya buscado. No es raro que quien esta esperando algo, una vez ya ha finalizado esa incertidumbre, esa ilusión, añore los momentos en los que aún todo era posible. Una vez decidido, ya no hay opciones, ya no hay vuelta atrás. Pasa un poco también cuando escribes un libro: mientras lo estás escribiendo, aunque a veces te pegues con él, todo sigue siendo posible, pero una vez lo terminas, ya no hay más. La historia es la que es, como si siempre hubiera sido irremediable que fuera así, y ya no hay posibilidad de cambiarla.
Llegados a este punto resulta inevitable preguntarle por su novela, por su proceso de escritura y sus sentimientos al terminarla. Yo soy un escritor minucioso. Cuando termino una novela, siempre estoy convencido de que será la última. Me parece un milagro haberla terminado." Y es que, confesó que fueron muchos días de trabajo, más de setecientos, y más de trescientos treinta de escritura efectiva. Escribir una novela me resulta tremendamente difícil, por eso cada vez que acabo una pienso que no voy a escribir más. ¿Cómo voy a hacer esto otra vez? Es muchísimo trabajo. Trabajo cada página como si fuera la única y la reviso una vez, dos, cuatro, cinco, hasta que quedo satisfecho con ella y paso a la siguiente. Esto supone que muchos días escribo poco más de una página en realidad. Luego las veo todas juntas y me parece imposible que eso que yo escribí de ese modo, de lugar a algo fluido, pero ahí está." Una novela Berta Isla, en la que veremos que alterna primera y alguna parte con tercera persona y en la que nos sorprenderá encontrar a algún viejo conocido de Tu rostro mañana. No dio nombres porque es bastante celoso de sus novelas, de que sea el lector quien las descubra. Afirmó incluso que no le hizo gracia ver las primeras opiniones antes de que su libro saliera a la venta, aunque fueran elogiosas, no se trataba de eso. Imagino al lector que ve la opinión y decide ir a la librería para leer esa historia que aún no está. Y también habló sobre su disconformidad con aquellos que cuentan demasiado sobre los libros que han leído privando al lector de la oportunidad de descubrirlo solo. En cambio en las series si parece importar mucho este tema del spoiler. Sobre sí mismo no tuvo pudor alguno en afirmar Siempre pienso que el libro anterior es mejor, y me pasa con todas mis novelas. Berta es una mujer digna y segura que sabe el papel que le ha tocado, aunque poco a poco se irá haciendo preguntas. En la novela, la identidad y el lugar que ocupamos una vez nacimos, el que nos toca, también son importantes, también Javier Marías les dedica reflexiones, como ya nos tiene acostumbrados en sus libros. Esto es porque hay una serie de temas, de problemas que le interesan, sobre los que le interesa que los personajes reflexionen, Quizás por eso me he quedado anclado en un hilo temporal que se interrumpe hace unos años. Porque ahora tengo la sensación de un mundo más insustancial, en el que la gente ya no se hace una serie de preguntas que a mi me parecen importantes. No me interesa si alguien se hace un selfie, pero sí una serie de preguntas de conflictos, que resultarían inverosímiles si ambientase mi historia en 2017. Ha habido una desustancialización en la sociedad, de todos no solo de los jóvenes -apostilla- que tiene que ver un poco con las prisas y la impaciencia. Y yo no estoy dispuesto a escribir novelas con personajes que considere superficiales. Una novela de espías que no es una novela de aventuras, y reflexiona Javier Marías sobre el glamour que parece adjudicado a esos espías, le llama la atención que nadie parezca pensar que un espía es una persona que está ahí para traicionarte. Desde el primer momento, cuando se te acerca para ganar tu confianza, el motivo, la traición, ya está ahí. No tuvo reparos en señalar el dilema moral sobre los servicios secretos. Por un lado, señaló, queremos saberlo todo, saber demasiado. Cómo vamos a saber sobre nuestros servicios secretos, si el propio nombre lo dice, son secretos. Y por otro hay unas zonas oscuras sobre las que nadie parece querer preguntar ni saber
Temas, todos ellos, tratados en su libro, que se sitúa ya en las mesas de las librerías junto a tantos otros, tema del que también habló Marías. Ahora hay un aluvión de presentadores de televisión que sacan novelas. No tengo nada en contra, ni mucho menos, pero parece que como todo el mundo sabe leer y escribir, cree que puede escribir una novela, aunque no todo el mundo piensa que puede rodar una película o componer una sinfonía. No hablo de intrusos, porque nadie es intruso en la literatura o todos hemos sido intrusos una vez, cuando empezamos. Pero me sorprende la gente que es capaz de sacar novelas con tanto desparpajo, porque a mi las mías me resultan difíciles y me llevan muchísimo trabajo. Una novela, Berta Isla, sobre la que también os hablaré y cuya lectura recomiendo. Termino la crónica del encuentro con un momento curioso. Le preguntaron a Javier, si esperaba parecerse, acercarse en realidad a aquellos escritores que él tenía como referentes, como influencias, a sus admirados. Y quizás fuera ahí donde se viera su mayor sonrisa mientras respondía que ojalá, pero que no se lo imaginaba puesto que eran sus autores más admirados y el siempre se vería a años luz. Me llamó la atención que evitara decir el nombre de ninguno de ellos, entre los que no solo encontramos narradores, sino también poetas como T. S. Eliot.
Para mi siempre ha sido un placer leer a Javier Marías, no digamos ya la oportunidad de poder escucharle. Muchas gracias a la editorial Alfaguara por invitarme y, como siempre, a todos los que os pasáis por aquí.
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