Mostrando entradas con la etiqueta Charles Dickens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Dickens. Mostrar todas las entradas
jueves, 29 de mayo de 2014
La pequeña Dorrit. Charles Dickens
"Un día, hace años, un sol abrasador caía sobre Marsella.
Un sol ardiente en un implacable día de agosto no era algo extraordinario en el sur de Francia; no lo había sido hasta la fecha ni lo sería después. Nada en Marsella ni alrededor de Marsella había dejado de mirar el fiero cielo que, a su vez, todo lo había mirado, hasta tal punto que el hábito de mirar había llegado a generalizarse."
Ya es público el placer que encuentro en los clásicos, volver a ellos de forma periódica muchas veces para desintoxicarme de novedades, otras por releer algo ya conocido o por reconciliarme conmigo misma tras alguna lectura de esas que preferimos no confesar. Hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos libros que sabes te van a dejar satisfecho incluso antes de comenzarlo, se trata de La pequeña Dorrit.
Conocemos a la pequeña Dorrit, Amy, con 22 años, aunque pronto nos damos cuenta de que no es su edad sino su aspecto el que le ha deparado ese sobrenombre. Vive en Marshalsea, en una cárcel de deudores que la vio nacer, ya que no era extraño que los hombres que iban a estos lugares decidieran llevarse a su familia con ellos. Amy está allí con sus hermanos y además trabaja para la señora Clennam y es esto último lo que provoca que el hijo de la misma se comience a fijar en ella y decida ayudar a su familia.
Dickens y sus grandes historias. Novelas que muchas veces son valoradas por sus lectores en función de su extensión sin tener en cuenta todo lo que nos deja dentro de cada historia. Porque una vez más Dickens no se limita a una buena historia y unos personajes dibujados a la perfección, sino que vuelve a tomar el término novelón y hacerlo suyo para hablar de familias, secretos, herencias, lazos, traiciones y todo lo que se nos pueda ocurrir bajo un marco que retrata a la perfección la vida de época.
Publicada en un primer momento por entregas mensuales entre 1855 y 1857, se concibió para llevar el título Culpa de Nadie aunque terminara siendo La pequeña Dorrit, y ya en 1857 vería la luz en un único tomo.
Tengo que decir que si no nos dejamos asustar por un puñado (grande) de páginas, nos encontraremos ante una de las mejores novelas del autor. Lo primero que me llamó la atención fue el concepto de Cárcel de deudores que yo no conocía, pero al ir leyendo sus descripciones, sus rutinas plasmadas de forma minuciosa, decidí investigar para encontrarme conque el autor podía hablar muy bien de un lugar que había pisado su propio padre, primera sorpresa durante la lectura. Hay más, ya es sabido que el autor usa vivencias cercanas o propias a pequeños sorbos en muchos de sus libros.
Sin embargo no es minucioso sólo en este punto sino que uno termina conociendo perfectamente cada personaje y lugar en los que se desarrolla la obra, como si nosotros mismos nos estuviéramos paseando, testigos de lo que allí sucede. Y esto en una novela corriente puede parecer incluso fácil, pero aquí hablamos de una trama principal alrededor de Amy y Arthur y un sinfín de subtramas que se van entrelazando hasta formar un tejido irrompible por el que subimos y bajamos entre la curiosidad, el interés y la sorpresa. Aún así, de todas ellas y de todos los personajes, me quedo con Amy y su forma de actuar y pensar. Es de esos inolvidables que por mucho tiempo que pase seguiré recordando con cariño.
Se podrían decir mil cosas más de este libro, de los momentos que pasas con él y de las sensaciones que despierta. Es lo que tiene la buena literatura: uno se pone a hablar y siempre se le queda algo en el tintero. Por eso os recomiendo que aprovechando cualquier excusa os acerquéis a él para descubrirlo con vuestros propios ojos. Merece la pena, es Dickens.
Ahora que miro mi última frase... Charles Dickens es un autor conocido por todos, de esos que se supone todo el mundo tiene que leer pero también de los que ya conocemos lo que sucede en muchas de sus obras sin haberlas leído, ¿eso os impide leerlas o en estos casos os acercáis a ellas sin que afecte a vuestra decisión?
Gracias
Etiquetas:
books,
Charles Dickens,
La pequeña Dorrit,
libros,
Mientrasleo
martes, 27 de agosto de 2013
Nuestro común amigo. Charles Dickens
"Al atardecer de un día de otoño, no importa precisar el año, una barquichuela mugrienta y de ruín aspecto, con dos personas a bordo, surcaba las aguas del Támesis entre el punte de hierro de Southwark y el de piedra de Londres. Esas dos personas son un hombre de edad y una mujer de diecinueve años."
Lo sé, el bicentenario del nacimiento de Dickens fue el año pasado, este año toca Cortázar... pero yo voy por libre. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual la última gran novela escrita por Dickens, hoy traigo, Nuestro común amigo.
Un joven heredero de la fortuna de su padre, tiene que casarse para que dicha herencia se haga efectiva. Y no le vale cualquier mujer, ha de ser una a la que ni siquiera conoce. Viaja para ello a Londres, pero antes de su llegada encuentran un cadáver flotando en el Támesis y lo identifican positivamente como el suyo, así que la herencia pasa a un obrero con consecuencias encadenadas en la sociedad y dejando al joven a su propia suerte e inventiva para conseguir el puesto que legítimamente le correspondía.
Siendo esta la última novela del autor, es lógico que nos encontremos a un Dickens más depurado, en su ironía, en su crítica social, en los diálogos las descripciones... si ayer traía una novelita corta hoy son más de setecientas páginas las que necesita este novelón que fue publicado en su momento, como tantas obras de Dickens, por entregas. Sólo así se entiende la longitud de algunas de sus obras cuando la resolución del enigma de turno era incluso previsible. Sin embargo no nos importa porque en esta historia de herencias, amores, engaños y mentiras, los que cobran protagonismo son los personajes. Todos ellos. Como siempre, buenos muy buenos y malos muy malos, pero igualmente entrañables entre sí.
El tono irónico y la crítica a las dobles caras me hicieron reír durante gran parte de su lectura y, debido a su extensión tengo que reconocer me tuvo ocupada bastante tiempo. Una novela estupenda, si os digo la verdad... hasta llegar a su parte más conocida, el final. Dentro de esta novela, con la que conocemos la sociedad de la época y los intereses que les mueven, el final resulta seco, apresurado... abrupto. Nos deja sorprendidos después de haber estado disfrutando de ese tono pausado casi de cuento que tanto le gustaba a Dickens usar en sus narraciones. Sin embargo no estropea la historia, pese a dejarnos con los ojos abiertos la novela que hoy traigo es entretenida, divertida, recorre cada estrato social y, tal y como corresponde a este tipo de historias, no dejan de suceder cosas página tras página. Se trata, pues, de una lectura más que recomendable para incluir entre los estantes de nuestras bibliotecas. A fin de cuentas, el autor es una apuesta segura y no viene mal salirse de los títulos archiconocidos.
Y vosotros, ¿qué habéis leído de Dickens?
Gracias
Etiquetas:
books,
Charles Dickens,
libros,
Mientrasleo,
Nuestro común amigo
viernes, 11 de enero de 2013
David Copperfield. Charles Dickens
"Tenía mi cabeza sujeta como en un tubo; pero yo me retorcía a su alrededor rogándole que no me pegase. Se detuvo un momento, pero sólo un momento, pues un instante después me pegaba del modo más odioso. En el momento en que empezó a azotarme, yo le acerqué la boca a la mano que me sujetaba y la mordí con fuerza. Todavía siento rechinar mis dientes al pensarlo."
Y para terminar de recuperar la normalidad , un clásico. Y de uno de esos autores con su nombre escrito en mayúsculas que no puede faltar en ninguna biblioteca, un libro que todos conocemos porque el nombre de su protagonista nos resulta tan familiar como el de Peter Pan. Hoy traigo a mi estantería virtual a David Copperfield.
Conocemos a David, un niño pobre y sin padre en una época llena de miserias en Inglaterra. Lleva una vida relativamente feliz hasta que su madre se casa de nuevo y vive una situación insostenible de mano de su padrastro. Esto le empujará a dejar su casa y buscar su propia supervivencia sorteando dificultades para conseguir el ansiado ascenso social que le proporcione la felicidad.
Dicen que esta novela es la mejor del autor, la novela perfecta, redonda. Y posiblemente sea así. En esta historia acompañamos a David sabiendo que tarde o temprano veremos reflejado en él algún rasgo de un conocido, incluso de nosotros mismos. La lucha, las personas que encuentra por el camino con mayor o menor fortuna, sus reacciones cuando las cosas le empiezan a ir mejor... hacen que se convierta en una suerte de amigo/confidente para el lector. Es un libro voluminoso, sí, pero no por ello pesado de leer. Pasa con él justamente lo contrario ya que el autor nos sitúa en la Inglaterra victoriana poblada de personajes diferentes que también viven sus pequeñas historias, todas ellas se entretejen sin olvidarnos de nadie para terminar formando eso que yo tiendo a llamar "novelón". Una historia que se caracteriza sobre todo por los sentimientos que hace brotar en el lector. Nos sorprendemos sonriendo, emocionados, divertidos, incluso extrañados por las coincidencias que el autor deja caer entre sus páginas. Y sobre todo disfrutando de la lectura, porque ya en las primeras páginas somos conscientes de que estamos ante una de las grandes obras de la literatura universal.
Junto al protagonista desfilan los personajes a los que ya nos tiene acostumbrados Dickens. Buenos buenísimos y malos pérfidos, metidos en su papel hasta el fondo, sin salirse del guión que su creador les tiene pautado y sin que por ello nos resulten artificiales. Personajes que terminarán siendo personas con sus defectos y virtudes, con sentimientos que asoman entre las letras para sorprendernos y conseguir quedarse con un hueco en nuestras mentes y corazones. Os invito a leer un libro en el que nunca dejan de pasar cosas y nunca nos dejamos de preguntar qué sucederá a continuación.
Hay pocos libros que nos de pena ver que nos aproximamos al final, que nos dejan la sensación de estar perdiendo un amigo que nos ha ido contando cosas y al que le preguntaríamos más sólo por alargar el momento de la despedida. Eso pasa con David Copperfiel, lo peor que tiene es el final. No por la forma de terminar el argumento, que es redonda y perfectamente razonada, sino porque llega un momento en el que en este libro se escribe, al igual que en todos, la palabra FIN.
Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os haya dado pena que terminara?
Gracias
martes, 20 de noviembre de 2012
Cuento de Navidad. Charles Dickens
"¡Oh! Pero Scrooge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal, pero del cual ningún eslabón había arrancado nunca una chispa generosa; secreto y retraído y solitario como una ostra. El frío de su interior le helaba las viejas facciones, le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera. Fría escarcha cubría su cabeza y sus cejas y su barba de alambre. Siempre llevaba consigo su temperatura bajo cero; helaba su despacho en los días caniculares y no lo templaba ni un grado en Navidad."
Dicen los centros comerciales que ya es Navidad. Hay lotería para estas fechas desde hace meses y empezamos a ver roscones y turrones, así como juguetes en todas las tiendas. El otro día entré en unos grandes almacenes y me sorprendí al escuchar villancicos por el hilo musical. Y no soy una especial entusiasta de dichas fiestas, lo que me lleva irremediablemente a sonreirme recordando al protagonista del libro que traigo hoy. Tras el villancico decidí que me apetecía comer un Roscón de Reyes. Ahora, en noviembre mejor que durante las fiestas, me sabe mejor. Y volví a recordar al mismo personaje... así que no me quedó más remedio que echar un ojo nuevamente al libro que traigo hoy a mi estantería virtual. Estaba segura de que, al igual que el dulce típico, lo iba a disfrutar más en estas fechas que cuando ya estuviera saturada de las fiestas. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Cuento de Navidad.
Conocemos a Ebenezar Scrooge, un anciano miserable, un avaro que no es capaz de ablandar su espíritu ni siquiera en Navidad. Un año es visitado por el espectro de su antiguo socio, fallecido, que le advierte del rumbo de su vida. Le visitarán tres espectros representando el pasado, presente y futuro en un intento de remover su conciencia para que cambie su mezquina condición.
Scrooge es uno de los personajes más famosos de Dickens. Es el avaro de libro, el malo que todos tenemos en la mente cuando alguien se queja de la codicia y falta de escrúpulos ajenos. Y justo así aparece en este libro para que el lector empiece desde las primera páginas a marcar los defectos del protagonista. En apenas unas pocas palabras ya tenemos clasificado a este hombre de boca del autor y sentimiento propio por lo que se nos representa. Y así asistimos a la depuración de los sentimientos de Scrooge, a su proceso de cambio que no es otra cosa que un intento de que nos miremos a nosotros mismos buscando un poco de generosidad hacia los demás.
Este cuento para niños y mayores, escrito hace más de un siglo, tuvo la intención de remover conciencias. Y lo consiguió de forma efectiva llevando a su protagonista hasta el extremo, casi caricaturesco de "lo que hay que corregir". Adaptado una y mil veces a la gran y pequeña pantalla, a los teatros escolares, cómics, dibujos animados... sigue haciendo las delicias de niños y mayores con su mensaje de generosidad y espíritu navideño. Y lo hace a través de una historia empañada de tristeza que busca un final feliz entre apariciones y momentos no exentos de comicidad. Porque sí, también nos hace reír con frases chispeantes. Es el encanto de Dickens, ese al que todos hemos sucumbido en alguna ocasión y el que hace que busque con cierta periodicidad un título suyo, leído o no. Encontramos además rasgos comunes, una cierta crítica a las injusticias que lo rodeaban y que en este caso se refleja en la búsqueda de la mejor calidad de vida para un niño. Para todos en realidad en una época en la que los niños pobres bien podían ser obreros o mendigos. Un mundo en el que el autor veía diferencias sociales que consideraba injustas y que se encargó de señalarnos en más de un título.
Esta vez, antes de tiempo, os traigo un relato largo o novela corta que se hace llamar cuento. Porque la Navidad es un periodo de celebración en el que todo es posible. Y si no que se lo digan al pobre Scrooge.
En mi caso, tengo que decir que no me siento en Navidad hasta que no veo Que bello es vivir y como el primer trozo de Roscón de Reyes. Y lo segundo ya lo hice. Y vosotros, ¿tenéis algún tipo de costumbre, por pequeña que sea, que se repita en estas fiestas?
Gracias
PD. Me cae bien Scrooge.
martes, 29 de mayo de 2012
Los papeles póstumos del Club Pickwick. Charles Dickens
"El señor Pickwick apuntó palabra por palabra esta declaración en su cuaderno de notas, con intención de comunicarlo al Club, como ejemplo singular de la tenacidad de la vida de los caballos en circunstancias extremas. Apenas había acabado la anotación, cuando llegaron a Golden Cross. Bajó de un salto el cochero, y salió el señor Pickwick. Los señores Tupman, Snodgrass y Winkle, que estaban esperando afanosamente la llegada de su ilustre jefe, acudieron a darle la bienvenida."
Decir a estas alturas que venir con un libro de Dickens es traer un clásico es una obviedad, aunque no por ello es menos cierto. Dickens nos ha dejado muchas obras para disfrutar y hoy, he decidido traer la primera. Por eso poso en mi estantería virtual este libro, Los papeles póstumos del Club Pickwick.
Os presento a Pickwick, un anciano caballero fundador del Club Pickwick. Y os presento a Tupman, Snodgrass y Winkle, tres miembros del club que, junto al fundador, realizarán un curioso viaje por Inglaterra.
Esta novela, como adelantaba antes, es la primera de Dickens. La comenzó a publicar por entregas cuando sólo contaba con 24 años, y su éxito casi inmediato dicen que fueron la base de la transformación del periodista en novelista. Digo casi inmediato porque pese a que las entregas eran acogidas como todo un acontecimiento, se prolongaron durante año y medio, cosa que hoy nos parecería una eternidad. Iban acompañadas de ilustraciones, realizadas en un primer momento por Robert Seymur y seguían la historia contada en ellas. Pero eso duró poco y pronto se invirtieron los términos, además Seymur se suicidó (dicen las malas lenguas que porque Dickens se negaba a escribir sobre sus ilustraciones obligándole a hacer lo contrario) y Buss y en última instancia Phiz, tomaron el relevo.
Señalar, en primer lugar, que no es una obra al uso del autor. Esta vez no hay tragedias, sino que durante toda la obra se percibe un aroma a homenaje cervantino. Incluso Samuel se antoja pariente lejano de Sancho.
Está escrito con un fino sentido del humor, y nos va enlazando las aventuras de este improvisado cuarteto mezcladas con cuentos. Esto justamente es lo que provocó que me recordara a El Quijote. Pero no estamos en un libro de grandes protagonistas sino de completos personajes secundarios. Nos desgrana su autor usos y costumbres, comportamientos y pensamientos, mientras que serán sus protagonistas los que hagan gala del mejor sentido del humor a la forma inglesa. Y si Samuel es Sancho, Pickwick es el mismo Quijote, encarnado en una figura principal que disfruta de la vida de la mano de la risa, el honor y de la burla que protagoniza ante quienes no entienden su forma de ver del mundo. Incluso se nos torna amarga la risa cuando vemos que es duramente juzgado por terceras personas.
Os invito pues a recorrer la Inglaterra victoriana acompañando a estos cuatro hombres un tanto pasados de moda, a conocer las costumbres y las vidas de quienes se tropiezan, pues ese parece el objetivo de su viaje, y a sorprenderos con una sonrisa, incluso una pequeña carcajada provocada por la ironía más deliciosa. Una obra con buenos muy buenos y con un final acorde al autor y la época, con malos encasillados y aventuras descolocadas entre reflexiones improvisadas del lector. Porque no nos olvidemos que Dickens siempre esconde una crítica tras cada coma impresa, y entre risa y risa aparecerán condiciones de vida, abogados y políticos a los que no profesa el autor demasiado cariño y, como figura constante, la filantropía.
Una novela inolvidable e imprescindible que puede hacer cambiar el concepto que tenéis del autor. Y al pie de la última frase... ¿creéis que existe realmente la filantropía o que toda ayuda esconde un interés egoísta por pequeño que sea?
Gracias
viernes, 6 de abril de 2012
Historia de dos ciudades. Charles Dickens
«Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos. Es la edad de la sabiduría, y también de la locura. Es la época de la fe, y también de la incredulidad, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo tenemos todo, pero no somos dueños de nada, caminamos derechito al cielo pero tomamos el camino a otro lado. En fin, esta época es tan parecida a todas las épocas, que nada de lo que aquí voy a contar debería, en realidad, sorprendernos. Nada. Ni el perdón, ni la venganza, ni la muerte, ni la resurrección».
Hay libros que son imprescindibles por muchos motivos. Por su calidad, por su repercusión, por sus ventas incluso... en este caso el motivo es el primero. Hoy traigo un libro que bien podría servir para comenzar cualquier biblioteca, traigo Historia de dos ciudades.
Un caballero británico viaja a París con una misión, llevar a un médico a Inglaterra donde lo espera su hija Lucía. Sin embargo este hombre acostumbrado a su celda parece que no logra asimilar la libertad ni si quiera junto a ella. Sin embargo pasados unos años si que lo consigue, incluso es llamado junto a su hija como testigo en el juicio de un hombre que terminará involucrándose en sus vidas.
Este folletinesco arranque tiene una de las novelas más conocidas de la historia de la literatura. Las verdaderas protagonistas serán las ciudades, Londres, tranquilo y sosegado, mirando su futuro y París en cambio es temperamental y voluble, peligrosa e incierta. Situándonos con la referencia histórica de la Revolución Francesa nos detalla un retrato de los problemas políticos y sociales ingleses en la época. Escribía sobre una ciudad que conocía como la palma de su mano y otra en cambio le era desconocida. Ante la lectura uno no es capaz de discernir cual es cual, tal es la maestría del autor.
Como sucede con casi todos los libros que han pasado a la historia, también Historia de dos ciudades ha hecho correr ríos de tinta. Dicen los críticos que Dickens usó la novela La revolución Francesa , de Thomas Carlyle, para escribir la suya. No se lo voy a discutir, pero, de ser así lo convirtió en una novela histórica que, superadas las primeras páginas de situación, te absorbe entre sus letras consiguiendo que veamos por sus ojos el mundo que nos describe. Sentimos en el propio cuerpo la brutalidad de la indefensión, la falta de amparo que sufre la población en determinadas épocas, quedando a merced de envidias y denuncias falsas.
Su relato de la Revolución Francesa es complejo, intenta que veamos facetas diferentes, nos enseña causas pero, sobre todo, nos transmite un rechazo hacia la violencia, venga de quien venga.
Si a todo esto le sumamos unos personajes bien diseñados para el papel que les toca realizar, incluso en sus excesos consentidos de bondad o maldad, encontramos el secreto de la gran novela victoriana que traigo hoy. No busca horrorizarnos, ni resultarnos desagradable, sino todo lo contrario. Consigue una lectura más que placentera. Tal vez el libro de Dickens que más se despega del resto, pero mantiene igualmente su extraordinaria narración.
Con el tiempo me he ido dando cuenta de que hay una serie de títulos extremadamente conocidos, de los que todo el mundo parece hablar como si los hubiera leído cuando, al final, poca gente se atreve con ellos. ¿Qué pensáis?
Gracias
Etiquetas:
Charles Dickens,
Historia de dos ciudades
sábado, 1 de octubre de 2011
Grandes Esperanzas. Charles Dickens
"Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el de la pared estaban parados a las nueves menos veinte. ―Mírame ―me dijo miss Havisham―. ¿No te da miedo una mujer que no ha visto el sol desde que tú naciste?
Lamento tener que confesar que no dudé en responder que no, lo cual era una gran mentira.
―¿Sabes qué noto aquí? ―preguntó al tiempo que ponía las manos en el costado izquierdo, una sobre otra.
―Sí, señora. ―Me hizo pensar en el joven.
―¿Qué toco?
―Su corazón.
―¡Destrozado!»
Esta entrada me la voy a regalar a mí. Porque sí. Bueno, en realidad ya lo hago con todas pensaréis sin confundiros, pero esta es diferente porque es una historia que me conmueve. Y pocas veces puedo decir eso. Reconozco una historia que sea emotiva, por supuesto, pero que me llegue a mí ya es un poco más complicado. Supongo que todos estáis dando por hecho que hablo de amor, y así es hasta cierto punto, pero hablo de mucho más que eso, hablo de amistad y de bondad.
Dickens, ese Dickens maestro, nos presenta a Pip, un niño huérfano que vive con su hermana y el marido de ésta en un pueblo. Un día conoce un presidiario al que presta ayuda porque, en ese momento, le parece que la necesita. Este episodio no cambia nada en su día a día, y pasa el tiempo hasta que una anciana rica le invita a jugar en su casa para, suponemos, que sirva de entretenimiento a su nieta, una niña engreída que lo rechaza desde el primer momento por su condición de pobre. El niño decide aprender a leer mientras sigue visitando la casa en lo que parece una rutina que lo empuja a enamorarse de la nieta. Y tampoco parece que nada vaya a cambiar demasiado hasta que su hermana cae inválida y su pobreza se acentúa.
Sin embargo aparece un hombre, conocido de la anciana, que le notifica que han donado un capital a su nombre, capital que le brinda "grandes esperanzas" sobre su propia vida. Ahora puede educarse y aspirar al amor de la nieta, a fin de cuentas.. el dinero se lo ha dado la anciana, de eso está seguro.. O eso parece hasta que se presenta su benefactor que no es otro que el hombre al que conocimos al principio del libro.
Es una novela con regusto triste, que lleva la crítica social a cada línea y la realidad a cada frase. No hay buenos ni malos en la obra como tampoco en la vida, sino que todo depende de quien lo juzgue. Esto hace que el autor nos muestre la evolución de cada uno de los personajes que aparecen en el libro, asistimos a los reveses o enveses de su vida y como reaccionan ante ellos. Pareciera por lo que cuento que hablo de una historia de superación, pero Dickens, amargo por naturaleza, no puede quedarse sólo ahí y nos enseña las miserias de la vida y el ser humano sin haber tragedia que airear. Tal vez eso sea lo que más me llamó la atención del libro, la melancolía que acecha en cada capítulo sin que los hechos aislados la justifiquen. No hay grandes desgracias, ni cataclismos que nos hagan estremecer pero es igualmente emotiva que si los hubiera, o tal vez incluso más, puesto que la única justificación que encontramos para ese sentimiento que se destila poco a poco es la propia vida.
Y, sin embargo, termino añadiendo que para mí, la emoción fue hermosa porque si algo me transmite un sentimiento, no puedo hacer otra cosa que calificarlo como hermoso.
Gracias
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

