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lunes, 16 de enero de 2017

El Gran Imaginador. Juan Jacinto Muñoz Rengel


    "No sucedió en tierra firme, sino a bordo de una de las seiscientas cuatro embarcaciones que en aquellos instantes colisionaban con estrépito en una delgada y concurridísima lengua de mar, en el centro mismo del más accidentado Mediterráneo, entre la humareda maloliente que levantaba la pólvora, el clamor de los cañones y la lluvia de los más diversos proyectiles. Allí fue donde se cruzaron las vidas de los dos singulares escritores."

     Si algo me gusta de Muñoz Rengel es la originalidad en los temas y la aparente facilidad a la hora de resolverlos, y digo aparente porque a poco que uno se fije, se da cuenta de que no ha de ser tarea precisamente sencilla. Hoy traigo a mi estantería virtual su último libro, se trata de El gran imaginador.

     Conocemos a Nikolaos Popoulos, de naturaleza, imaginador. Ya desde niño su prodigiosa imaginación le llevaba a otros mundos, primero encontrados en libros y luego en su propia cabeza. Capaz de refugiarse en realidades extraordinarias, ese talento provocaría dichas y desdichas que marcarán una vida azarosa y viajera de este singular hombre. Poco tardará en sentir la necesidad de plasmar en papel sus propias historias y pese a ser alumno, escribano, preso, viajar a Malta y acabar en una celda, conocer a Cervantes o hablar de tratamientos, en realidad lo que tenemos entre manos es la historia de un hombre con un talento extraordinario, y su lucha por conseguir plasmar este talento en forma escrita.

     Una vez más, Muñoz Rengel nos relata una historia extraordinaria, esta vez en un tono que casi parece un cuento para adultos, una leyenda escrita a partir de un trovador. En su historia, comparte además la prodigiosa imaginación de su protagonista compartiendo con el lector los mundos extraordinarios que crea Popoulos, un griego que nace en un lugar que no le prometía fortuna alguna, pero que acaba teniendo una vida extraordinaria en vivencias. Casi pareciera por momentos que la realidad pugna por hacerse fuerte en esa frase que dice, la realidad supera la ficción, y le permite conocer a un desconocido Cervantes, por poner un ejemplo. No pierde el autor el pulso de la prosa, mezclando sucesos reales en los que no duda colocar al imaginador griego, consiguiendo que tal sobrenombre nos resulte tan familiar como extraño nos pareció en el título, y reparte atención entre ficciones y realidades anegadas de anécdotas protagonizadas por Popoulos y, en muchos de los casos, su amigo de la infancia.

     El gran imaginador se convierte de este modo en una epopeya al más puro estilo decimonónico, en la que el lector disfruta de una prosa fluida que le permite avanzar sin escollos entre personajes conocidos, países deseados y realidades inventadas, para dejarse llevar por el juego e imaginar si, por qué no, existió en alguna ocasión un personaje semejante. Para lograr eso no quiero ni imaginar la labor de documentación y el trabajo que ha tenido que tener esta novela de la primera versión a la última, pero el resultado funciona y es tan original como entretenido. Desde luego, tengo que decir que hacía mucho tiempo que no leía una historia semejante. Quizás desde aquella que relataba las aventuras de un asesino cuya mayor tara era la desgracia de ser, y podéis creerme, un hipocondriaco incurable. Aventura que es también del mismo escritor.

     Si tuviera que resumir el libro en una única expresión, diría que he disfrutado. He olvidado la realidad y me he quedado incluso con las ganas de que se desarrollasen unas cuantas de las historias inventadas, como esa de los extraterrestres que nacían sin vida a la espera de recibir un literal aliento, o tal vez de indagar un poco más sobre lo acaecido con unos aceites... En fin, un derroche imaginativo que recomiendo a todos aquellos que tengan ganas de perderse en un destino incierto sin mirar atrás. Y un escritor al que pienso seguir leyendo título tras título.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 13 de febrero de 2013

El sueño del otro. Juan Jacinto Muñoz Rengel




     "Tenía miedo de salir a la calle. Y tenía miedo de quedarse allí solo, en aquella casa, en casa. Por esa razón había invitado a cenar a unos compañeros de trabajo. Pero había cerrado la puerta de la entrada dando una doble vuelta y no encontraba la llave. Ahora no podría salir. Tampoco nadie iba a poder entrar.
     No era de extrañar que la hubiera perdido. Aquella misma mañana había estado reordenándolo todo, porque últimamente las cosas no estaban donde debían estar. Nada lo estaba."

     Descubrí a este autor de mano de El asesino hipocondríaco. Un libro divertido y fresco que se desmarcaba de las temáticas habituales. Me sorprendió y me prometí seguir la pista a esta autor que no conocía y que, de repente, se había posicionado en muchas publicaciones literarias. Cuando hace unas semanas descubrí que salía a la venta el libro que hoy os traigo, no dudé ni un momento, tenía que leerlo. Y hoy lo traigo a mi estantería virtual. Hoy traigo a mi estantería virtual, El sueño del otro.

     Conocemos a Xavier, un profesor divorciado con una vida bastante pasiva, casi apática y a André Bodoc un hombre de éxito en el mundo de la comunicación, y también en la cama. Cuando uno se acuesta el otro se levanta. Porque ambos sueñan con la vida del otro y ambos son conscientes de sus sueños, así que... uno de ellos ha de ser el sueño del otro.

     Si con su primera novela os contaba que hubo momentos que me hicieron sonreír (aún me río con el "momento pastillas perdidas") en este caso tengo que decir que no me reí ni una sola vez. Más bien al contrario me iba sintiendo intranquila, angustiada por no encontrar la respuesta a la gran pregunta que plantea el libro. La barrera entre lo cierto y lo falso, la realidad y la ficción.

     A golpe de capítulos cortos vamos viviendo una rutina en la que uno se acuesta y otro se levanta. Cuando Xavier abre los ojos, es porque André los cierra y cuando uno vive algo, le repercute al otro. Poco a poco vamos viendo los mismos paralelismos que ellos, incluso más. Vemos un mundo lleno de verdades a medias y momentos que se desmoronan y también como el hacerse conscientes uno del otro les va cambiando, ayudando a tomar las riendas de determinadas decisiones. Hasta que aparece la necesidad de saber, de tener la certeza sobre la realidad y esa necesidad se instala en el lector que busca relaciones más allá de las que el autor nos señala. Asistimos atónitos a la invención de la noticia, la farsa informativa y las frases sueltas recogidas aparentemente al azar que provocan nuestra duda más allá del libro. Asistimos a sucesos y casualidades, suicidios y actos incomprensibles que razonamos buscando una explicación, necesitando una respuesta y eso hace que volemos por sus páginas.

     Y con todo, entre dudas y búsquedas, destaca por su sencillez. no se pierde en filosofías inalcanzables ni explicaciones enrevesadas, sino que nos conduce a un final que a mi me dejó satisfecha y que da para una muy larga conversación. Pero eso, evidentemente, sería un spoiler. Y es un libro para descubrir paso a paso, giro a giro, sueño a sueño.

     Una historia que os invito a descubrir a lo largo de trescientas páginas con un convencimiento: no os dejará indiferentes.

     Y tu, ¿con qué personaje sueñas ser?

     Gracias

sábado, 12 de mayo de 2012

Entrevista a Juan Jacinto Muñoz Rengel

        Juan Jacinto Muñoz Rengel es doctorado en Filosofía y ha trabajado como docente tanto en España como en el Reino Unido. Dirige el programa de Literatura Breve de Radio Nacional de España (RNE 5) y conduce la sección de relato corto de El Ojo Crítico (RNE 1).

     Aunque para muchos es un autor recién descubierto, tiene varios libros de relatos publicados, 88 Mill Lane, De mecánica y alquimia y ha coordinado Perturbaciones y Ficción Sur. Aunque El asesino hipocondríaco ha sido su primera incursión en la novela.  Con ella ha saltado a las mesas de las librerías y los primeros puestos de ventas.
     Hoy conocemos al autor.

     - ¿Es difícil el paso de relato a novela? ¿Abandonará ahora los relatos?
     - En realidad siempre he escrito novela, antes incluso que cuento. Lo que ocurre es que la labor del escritor no es siempre visible, la etapa visible sólo llega cuando se comienza a publicar, e incluso entonces no se ve más que una parte de todo el trabajo, la punta del iceberg. Escribí mi primera novela hace ahora veinte años, pero se quedó en el cajón, como todas las que la siguieron. Por otro lado, entre un centenar y medio de textos breves, fui salvando poco a poco algunos de ellos, y reuniéndolos en dos libros que sí envié a las editoriales, primero 88 Mill Lane, y después De mecánica y alquimia. Claro, con este riguroso método de selección, era de prever que tardaría bastante más en dar forma a una novela con la que me sintiera realmente satisfecho. El asesino hipocondríaco es en realidad mi quinta novela, la sexta está también terminada, y ahora trabajo en la séptima. Así que lo próximo en ver la luz será en efecto también novela, pero no, no abandonaré los cuentos. Si todo va bien, a continuación aparecerá un libro de microrrelatos, también terminado, con lo que volveré a las distancias más breves posibles. Y ahora mismo se acaba de publicar La realidad quebradiza, otra antología de género corto que he tenido el placer de coordinar, en esta ocasión de cuentos de José María Merino.
     ¿Cómo surge la idea de un asesino hipocondríaco?
     - Surge en otoño de 2007, a partir de unas cuantas lecturas que tenía por entonces entre manos. A veces la combinación azarosa de distintos elementos que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, junto al estado mental apropiado, dan lugar a experimentos como éste. En ese momento quería dar forma a un libro que se sostuviera sobre una voz en primera persona, necesitaba un personaje muy especial. Pensé en meterme en la cabeza de un asesino, pero incluso eso se ha hecho innumerables veces. Así que necesitaba un asesino completamente distinto, alguien tan lleno de contradicciones que de hecho su existencia fuese imposible. Y ése es el origen del señor Y., un asesino entrañable, un pobre tipo muy desmejorado, la conjunción inverosímil de todas las enfermedades más peligrosas del planeta. Con él todo fue fácil en realidad, él mismo me iba pidiendo más y más mundo propio, podríamos decir que crecía solo; y mi único reto era mantener la consistencia de su forma de ver y explicar la realidad a lo largo de las páginas.
     Al leerlo, me fui a Google en más de una ocasión encontrándome con enfermedades reales. Luego ya dejé de hacerlo, hasta que volví al cabo de bastantes páginas encontrándome con otras que no lo eran, algunas incluso imposibles. ¿Cómo se consigue ese juego con el lector que confía en que todo lo que le enseñan es real?
     Combinando las dosis exactas de realidad y ficción. Y haciéndolo además gradualmente. Toda obra literaria es en el fondo un juego de seducción, cuyo propósito es conquistar al lector. En el caso de El asesino hipocondríaco, tuve que empezar con situaciones muy sencillas, para mostrarle al lector en qué consistía la capacidad de sugestión del señor Y., como por ejemplo aquella escena inicial en la mercería. Después, las dolencias que se siguen a lo largo de la novela son todas enfermedades reales, por raras e increíbles que puedan parecer. Y sólo al final, cuando el propio protagonista está sumido en una escalada de su delirio, aparecen algunas inventadas. Entonces el señor Y. se encarga de indicar que es una enfermedad «sin clasificar», todavía.
     - Uno de los puntos fuertes de la obra es esa especie de solidaridad invisible entre personajes del pasado y nuestro asesino, al compartir enfermedades. ¿Cuánto dura la documentación? ¿Se le quedaron muchos personajes fuera?
     Es verdad que todas las anécdotas históricas que aparecen en la novela también son reales, al igual que las la enfermedades. Así que, claro, tuve que documentarme en profundidad acerca de la vida de estos escritores y filósofos, todos ellos enfermos imaginarios. Pero no sobre sus obras o sistemas filosóficos, sino que tuve que investigar sus hábitos, sus costumbres alimenticias, su manías, a sus médicos y a sus criados. Cosas que no suelen aparecer en la bibliografía principal del autor. Así que el proceso de documentación -en cuanto a las biografías, pero también en lo referente a patologías extrañas y a técnicas de asesino profesional- fue continuo. Nunca pude dejar de contrastar datos mientras duró la escritura.
     Respecto a qué personajes se me quedaron fuera, me habría encantado contar con un hipocondríaco insigne como Charles Darwin, pero se salía un poco del gremio. Y por supuesto con algunas escritoras, como Charlotte Brönte o Virginia Woolf, pero lamentablemente el carácter retraído y solitario del señor Y. me obligaba a renunciar a ellas, por una cuestión de coherencia. Para él las mujeres son unas completas desconocidas.
      El protagonista está realmente enfermo, pero de ninguna de las enfermedades que describes… ¿Es difícil crear un personaje así?
     En realidad, como decía antes, el único reto para dar forma a un personaje así, una vez imaginado, esa mantener la consistencia de su manera de ver y explicar el mundo. Mantener esa mirada y esa actitud, y no perderla, como si uno mismo fuese una especie de actor del método. Por lo demás, la única enfermedad real de este personaje es creerse que tiene todas las enfermedades, ése es su trastorno. Y para trabajar literariamente un desorden mental como éste la primera persona ayuda mucho. El narrador en primera persona permite contarlo todo desde la absoluta subjetividad, y por lo tanto podemos dar una visión sesgada al lector sin hacer ningún tipo de trampas.
     - De los últimos libros que he leído tal vez éste sea de los más difíciles de etiquetar. Se ha dado finalmente en colocarlo el de “novela negra” ¿Usted qué opina?
     - En efecto, parece que eso ha supuesto un problema. En las librerías los ejemplares se han colocado directamente en las estanterías de novela policíaca, y en general, aquí y allá, se la ha catalogado como novela negra. Pero no lo es. Tampoco es un thriller, ni una novela de suspense o de misterio. Y el lector que se acerque al libro con esas expectativas puede llevarse una decepción, lo que sería una pena. Hay, sin duda, un homenaje al género negro, pero desde los mecanismos de la parodia. Y más que nada es una novela de géneros, porque fusiona muchos de ellos: el género negro, el policíaco, pero también la comedia, el género fantástico, la novela urbana, la novela gótica, la metaliteratura… La trama principal de la que se parte imita las consignas de la novela policial, pero se va bifurcando en muchas otras subtramas, y el resultado es una novela híbrida, una novela intencionadamente excéntrica, que se aleja del centro y de los caminos habituales.
     - El libro sale al mercado y es un éxito de crítica, lecturas y ventas. ¿Cómo lo está viviendo?
     Con mucha satisfacción, ¿qué más se puede pedir? Cada vez que me dan la noticia de que se lanza una nueva edición me llevo una nueva sorpresa y una gran alegría; y ya vamos por la cuarta en unos meses. También se han comenzado a interesar editoriales extranjeras, y este mes junio se publica en Italia y en Argentina. Pero, sobre todo, la mejor recompensa son los muchos lectores de la novela (ya se cuentan por miles) que gracias a las redes sociales hoy es posible que se acerquen a ti para agradecerte el libro, para comentar contigo la trama, para hablarte del efecto que ha causado en ellos el personaje.
     ¿Tiene alguna historia entre manos ahora mismo que me pueda contar?
     - En estos momentos nos encontramos en el proceso de edición de una novela que se publicará a inicios del año próximo. Si la actual era una novela construida alrededor del personaje principal, la próxima será una novela que se sostiene sobre una hipótesis fantástica de partida, bastante radical, con la que espero volver a sorprender de una manera muy distinta a los lectores que tengan a bien darme de nuevo otra oportunidad.
     ¿Qué les recomendaría a los que están comenzando en este mundo?
     - Muchas cosas. Para empezar les recomendaría leer mucho, no se puede pretender escribir, y además escribir algo nuevo, sin conocer la tradición y sin haber leído lo que otros han escrito antes; las bibliotecas son las bases de datos de las ideas literarias. También les diría que deben tener disciplina, disciplina para escribir y corregir de forma constante, sin tregua, sin desfallecer. Y por último, que se armen de paciencia, que se equipen con enormes mochilas llenas de paciencia, porque esto es siempre una carrera de fondo.
     Y, finalmente, no puedo irme sin preguntar qué está leyendo usted ahora mismo.
     - Dos libros que no tienen nada que ver entre sí: la novela Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute, y el libro de relatos Knockemstiff, de Donald Ray Pollock.
     - Quería darle las gracias por responder a mis preguntas y permitir así que nos acerquemos un poco al otro lado de un libro que, personalmente, figura entre mis “descubrimientos” más disfrutados de las últimas fechas.
     - Muchas gracias a ti por tu apoyo y por esta oportunidad. Me alegro mucho de que te haya gustado y de haber logrado transmitirte al menos una parte de todo lo que disfruté yo con las andanzas del señor Y.

     Como siempre os digo, muchas gracias a todos vosotros. Por venir cada día, que nos vamos acercando a los mil aquí y pasamos de los cuatro mil en redes sociales.

     Bibliografía:
     - 88 Mill Lane
     - De mecánica y alquimia

domingo, 12 de febrero de 2012

El asesino hipocondríaco. Juan Jacinto Muñoz Rengel


“No me queda más que un día de vida, después de haber escatimado quince millares a la muerte, sólo me resta uno más. Dos a lo sumo”. 

     No me digáis que la portada no es fantástica... me paré en seco delante suyo la primera vez que la vi. Las píldoras en los dientes, la pistola, el cerebro.. me desconcertó y me paré a mirarlo. Me pareció divertido y me lo llevé. Es muy difícil escribir un libro divertido y que haga reír sin caer en la bobería sin demasiado sentido. Pero esa portada... hizo que descubriera una delicia de libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El asesino hipocondríaco.

     Esta vez los nombres van ser lo de menos, os presento pues al señor Y, M. Y., sólo que no es agente secreto sino asesino a sueldo, y tampoco es un hombre frío y calculador, eso lo es la persona que lo ha contratado. Nuestro Y es un hombre metódico, puntual... e hipocondríaco. Y tiene que intentar cumplir su último encargo a golpe de sudores, temblores y enfermedades acechándolo en cada esquina.

     Pensaba empezar diciendo que era un libro divertido, pero me quedaría corta. El personaje que construye en este libro el autor es único en su especie, va desgranando sus dolencias una a una, todas existen dicho sea de paso, mientras sufre ante la posibilidad de poder morir antes de terminar su trabajo. Nos lo vamos imaginando mientras unimos ese puzzle a modo de cóctel de pastillas que es su vida, acompañado por un desfile de personajes ilustres que van apareciendo con sus dolencias debajo del brazo y que, de alguna manera, parecen viejos compañeros del protagonista.

     Nos lleva sin titubeos por capítulos rápidos en los que se alternan la comididad, las reflexiones angustiadas del protagonista, la mala suerte que tiene, lo metódico y los planes rocambolescos en una historia casi de tebeo que empieza por hacerte negar con la cabeza con una sonrisa en los labios y consigue que te asalte la carcajada en el momento más inoportuno. Pero si os pasa tranquilos, es normal, a fin de cuentas... ¿quien se iba a esperar que saldría corriendo para empujar y despeñar a su víctima mientras grita que le faltan las pastillas justo cuando yo estaba sentada en una sala de espera?
     Os presento pues a un asesino gobernado por un homúnculo que fue su hermano del que queda un residuo en forma de bulto, siempre según él, tiene el Síndrome del acento extranjero, el de Moebius, incluso una Maldición, la de Ondina, espasmos que hacen que vaya apretando un gatillo, y también se muere aunque... no sigue acaso contándolo? Bueno, no os cuento más, que creo que me voy a cortar las uñas... por lo que las estoy viendo, saben demasiado.

     Y con todo, sólo me falta añadir que es un humor inteligente y una historia muy bien tejida que no decepciona, por si pensábais que era simplemente uno de esos libros que hacen reír, estamos ante toda una novela negra. Por mi parte estoy deseando ver como será la segunda novela del autor.

     Es muy difícil hacer reír con un libro, ¿no os lo parece?

     Gracias