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martes, 28 de febrero de 2012

Shibumi. Trevanian


     "Volviendo la cabeza de modo que el diminuto micrófono recogiera enteramente su dictado rápido y átono, Diamond concluyó los pensamientos a los que le había estado dando vueltas.
-Dentro de las tres próximas horas hay que recordarme: uno, accidente equipo petrolero mar del Norte; silenciar el asunto ante la Prensa. Dos, profesor que está investigando los daños ecológicos a largo plazo de la conducción de Alaska: terminar el asunto con supuesto accidente. "

     Esta vez fue diferente, no fue amor a primera vista, ni un despiste, ni un regalo, ni siquiera una recomendación. Esta vez compré Satori, de Don Winsolw, un autor que me gusta, cuyo segundo libro solo tiene la pega haber tendido delante El poder del perro que es difícilmente alcanzable. La cosa es que lo compré sin leer la contraportada y al llegar a casa.. veo que habla de un tal Trevanian y su obra maestra Shibumi, un libro de culto, Best Seller, algo único y fantástico... y ni siquiera me sonaba. Así que abandoné a Winsolw y salí en busca "del libro que todo el mundo conocía menos yo". Lo leí y por eso hoy traigo a mi estantería virtual Shibumi.


     Conocemos a Nicholai Hel, nace en China durante la Segunda Guerra Mundial, hijo de un alemán de paso por la cama de una aristócrata rusa convertida en prostituta. Nicholai quiere alcanzar ese estado de pureza conocido como Shibumi, es un experto en artes marciales, espionaje... y un asesino a sueldo, de hecho el asesino a sueldo mejor pagado del mundo. Eso sí, con principios, no trabajaría jamás con USA ni cobraría a quienes lucharan contra dictaduras.

     Empecemos con el autor, si os fijáis no hay más que un nombre, o apellido, lo mismo da, se trata de un alias. La gente estuvo durante muchos años buscando al hombre que se escondía detrás de Trevanian, él prefería ser conocido sólo por los libros, se empezó a especular. Se miraban con lupa los libros para llegar a conclusiones precipitadas. Sabía demasiado sobre armas, así que era espía, eso significaba que parte de sus novelas había de ser a la fuerza real. Se pensó por tanto que alguno de sus personajes sería real, el juego estaba servido y la especulación desatada. Sus libros siguieron saliendo de forma desigual pero el momento se enfrió, ya no importaba demasiado quien fuera el tal Trevanian, sus seguidores llevaban demasiado tiempo esperando. Finalmente en 1.995 murió Rodney Whitaker, removiendo el misterio. Se decía que él era Trevanian así que ya no saldrían más libros suyos. Bien, así ha sido. Nada que añadir.

    Es curioso como habiendo llegado a este libro conocedora de su fama, me he sentido como si hubiera descubierto un tesoro y se lo haya recomendado a todo aquel que me ha querido escuchar. Es un libro diferente que se oculta bajo una trama de espías, Conocemos el Japón de la II Guera Mundial y, a través de la hábil y corrosiva pluma del autor asistimos a una crítica mordad a la sociedad actual. Nos vamos moviendo en el tiempo, entre dos hilos temporales a modo de flashbacks manejados con maestría por el autor. aunque haya, pronto descubrimos que no se trata de encargos o asesinatos sino de relaciones, personajes y organizaciones. Es un libro que tiene una segunda lectura aún más grata que la primera y que nos descubrimos pegado a nuestros ojos apenas pasadas las 30 primeras páginas. Aparecen comandos israelíes, la CIA, una Organización Madre, incluso ETA. Nada queda lejos del autor ni de su perfeccionista protagonista y nada queda lejos de nosotros cuando nos sumergimos en esta fantástica historia.
     Me ha resultada curioso que al hacer una lectura treinta años después de su publicación no me han resultado letras enmohecidas, sino las desconfianzas habituales. No es un autor políticamente correcto ni lo pretende, no tiene piedad con aquellos que considera responsables de fallos y así nos los presenta. Y tampoco la tiene con su protagonista que, os anticipo, no os dejará indiferentes.

     Ahora mi duda es... ¿Vosotros conocías a Trevanian?

     Gracias

     DP. Y gracias también a Carlos, del blog Medias mentiras por sus palabras.