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martes, 4 de agosto de 2015

El pequeño Arquímedes. Aldous Huxley



     "Al final fue la vista lo que nos hizo escoger aquel sitio. Cierto, la casa tenía sus inconvenientes. Quedaba muy lejos de la ciudad y carecía de teléfono. El alquiler era desproporcionadamente algo, la fontanería funcionaba mal. Por la noche, si había viento, cuando las hijas de las ventanas, que no terminaban de cerrar bien, temblaban con tal furia que te parecía estar en el ómnibus de transporte del hotel, la luz eléctrica se desconectaba invariablemente por alguna razón misteriosa y nos dejaba en la más ruidosa oscuridad."

     Hay escritores a los que conocemos por un título o dos y casi nos sorprende descubrir algún otro libro suyo. Una tontería, si uno lo piensa, ya que si el título que conocemos ha alcanzado una determinada cota de notoriedad, lógico sería que hubiéramos buscado otro. Hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos títulos que se descubren de casualidad y cuyo autor sorprende por ese motivo. Se trata de El pequeño Arquímedes.
  
    El protagonista de nuestra historia nos cuenta lo vivido hace un tiempo. Recuerda como su mujer y él alquilaron una casa, motivados por las magníficas vistas, a la que se mudaron con su hijo pequeño. Nos habla de esas vistas, de los caseros, las rencillas, y también del hijo de unos campesinos. El niño, llamado Guido y de apenas un par de años más que su propio hijo, les pareció singular desde el primer momento. Ya a primera vista era guapo y paciente, pero no se esperaban que además se tratara de un pequeño genio.

      Hoy traigo uno de esos libritos de apenas ochenta páginas que consiguen conmover al lector casi por sorpresa. El autor da la palabra a uno de los protagonistas de la historia, convirtiéndolo en un narrador que comienza hablando en tono ligero de una casa que alquiló con su familia tiempo atrás. Es fácil imaginar la emoción, la casa y los pequeños problemas y rencillas con los caseros que nos relata, y hacerlo además con una sonrisa. Sin embargo en su relato se cuela pronto un pequeño de seis años llamado Guido que capta nuestra atención. Guido es la flor que crece entre la nieve y nadie está allí para apreciarla. Un pequeño genio que siente fascinación por la música y en el que nadie había reparado  hasta llegar esta familia. Un niño modélico, quizás un poco retraído, que se hace amigo del hijo de la pareja protagonista. Imposible no caer rendidos a los pies de Guido cuando incluso el narrador lo hace, se fija en él, y descubre su increíble capacidad. Y si nosotros nos fijamos en él, imaginaos el resto de los presentes en la historia. Cómo no mirar a Guido...

     La historia se torna tierna, después de todo tal vez las cosas cambien para este niño. Se convierte en un relato entrañable que consigue abrirse paso al corazón del lector que, incapaz de levantar la vista de las letras, termina la historia el mismo día que la comienza. Es inevitable caer rendido ante esta historia relatada de una forma que se antoja sencilla. Porque no hay nada más complicado, que conseguir que una historia parezca sencilla al lector. Bueno sí, es más complicado conseguir además conmover a quien lo está leyendo.

     El pequeño Arquímedes es un relato conmovedor sobre los talentos ocultos y la fragilidad de las cosas. Una pequeña joya narrada con sumo cuidado que no podemos perdernos.

    Y vosotros, ¿también hay escritores a los que conocéis por una obra y no se os ha ocurrido acercaros a más?

    Gracias

miércoles, 8 de febrero de 2012

Un mundo feliz. Aldous Huxley




     "-Y ésta - dijo el director, abriendo la puerta - es la Sala de Fecundación.
     Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de Incubación y Condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silboteo solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor. Un grupo de estudiantes recién ingresados, muy jóvenes, rubicundos e imberbes, seguía con excitación, casi abyectamente, al director, pisándole los talones. Cada uno de ellos llevaba un bloc de notas en el cual, cada vez que el gran hombre hablaba, garrapateaba desesperadamente."


     Hoy traigo un libro que conocí en mi adolescencia (allá cuando la vida era en blanco y negro) y que he releído no hace mucho. Me fascinan los libros que se aventuran en el futuro y no se les modifica. Cuando nos decían lo que iba a pasar en 2.001 y el placer de verlo ahora, once años después, comprobando no lo que se acierta sino la imaginación del autor en un momento mucho anterior al nuestro. Con este libro me pasa un poco eso, me fascina la mente que en 1.932 fue capaz de generar un universo al que tal vez nos aproximamos en la realidad, pero que cada vez es más recurrente en las creaciones cinematográficas y literarias actuales.
Hoy traigo un libro cuyo título ya conocemos todos, Un mundo feliz.


     En este libro el autor nos presenta justamente eso, un mundo en el que todo el mundo es feliz, aunque vivan sometidos a la dependencia de una droga llamada Soma, aunque estén confinados en una suerte de colonias si no siguen los comportamientos adecuados, donde la genética impera y los niños se conciben condicionados para pertenecer a las categorías ideales para mantener una población. Una sociedad a la carta para servir unos intereses. Un mundo dominado mediante el ocio.

     En esta fábula solidamente construida el autor va proyectando la sociedad libercapitalista que conoce, forzándola hasta sus últimas consecuencias a través de una dura crítica al cientifismo. Nos presenta una sociedad que vive presa del consumismo y el placer a través de personajes como Marx, y la otra cara de la moneda, los descontentos. Ahí es donde conocemos a John, el verdadero artífice de la crítica brutal ante cada muestra de nuevos valores que le proporciona la sociedad que lo ha tocado vivir.

     Nada deja al azar el autor y consigue mantener el interés con temas tan controvertidos como la religión o las relaciones y la política. Temas que, si bien todos tenemos asumidos que son polémicos y pueden ser causantes de guerras y discusiones, al verlos sometidos a este duro control, nos hacen reflexionar sobre la necesidad de elegir libremente. Es un libro que exige atención y, al mismo tiempo, dispersa la mente del lector que no puede evitar colocarse en los supuestos planteados y jugar a adivinar hasta que punto es soportable este modo de vida que, a cambio de lo que poco a poco se nos antojan como grandes sacrificios, promete la más absoluta felicidad.

     Comunismos, capitalismos, consumismos, deshumanización.. todas las formas de pensamiento tienen cabida en la mente del lector mientras se pasea por el mundo de Huxley. Y, en mi caso, todas me llevaron a la misma conclusión. Los seres humanos necesitamos una seña de identidad que nos haga individuales, y cualquier medio que la suprima, por mucho que nos ofrezca, nos acabará por resultar insoportable.

     ¿Qué opináis?

     Besos