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miércoles, 8 de febrero de 2012

Un mundo feliz. Aldous Huxley




     "-Y ésta - dijo el director, abriendo la puerta - es la Sala de Fecundación.
     Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de Incubación y Condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silboteo solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor. Un grupo de estudiantes recién ingresados, muy jóvenes, rubicundos e imberbes, seguía con excitación, casi abyectamente, al director, pisándole los talones. Cada uno de ellos llevaba un bloc de notas en el cual, cada vez que el gran hombre hablaba, garrapateaba desesperadamente."


     Hoy traigo un libro que conocí en mi adolescencia (allá cuando la vida era en blanco y negro) y que he releído no hace mucho. Me fascinan los libros que se aventuran en el futuro y no se les modifica. Cuando nos decían lo que iba a pasar en 2.001 y el placer de verlo ahora, once años después, comprobando no lo que se acierta sino la imaginación del autor en un momento mucho anterior al nuestro. Con este libro me pasa un poco eso, me fascina la mente que en 1.932 fue capaz de generar un universo al que tal vez nos aproximamos en la realidad, pero que cada vez es más recurrente en las creaciones cinematográficas y literarias actuales.
Hoy traigo un libro cuyo título ya conocemos todos, Un mundo feliz.


     En este libro el autor nos presenta justamente eso, un mundo en el que todo el mundo es feliz, aunque vivan sometidos a la dependencia de una droga llamada Soma, aunque estén confinados en una suerte de colonias si no siguen los comportamientos adecuados, donde la genética impera y los niños se conciben condicionados para pertenecer a las categorías ideales para mantener una población. Una sociedad a la carta para servir unos intereses. Un mundo dominado mediante el ocio.

     En esta fábula solidamente construida el autor va proyectando la sociedad libercapitalista que conoce, forzándola hasta sus últimas consecuencias a través de una dura crítica al cientifismo. Nos presenta una sociedad que vive presa del consumismo y el placer a través de personajes como Marx, y la otra cara de la moneda, los descontentos. Ahí es donde conocemos a John, el verdadero artífice de la crítica brutal ante cada muestra de nuevos valores que le proporciona la sociedad que lo ha tocado vivir.

     Nada deja al azar el autor y consigue mantener el interés con temas tan controvertidos como la religión o las relaciones y la política. Temas que, si bien todos tenemos asumidos que son polémicos y pueden ser causantes de guerras y discusiones, al verlos sometidos a este duro control, nos hacen reflexionar sobre la necesidad de elegir libremente. Es un libro que exige atención y, al mismo tiempo, dispersa la mente del lector que no puede evitar colocarse en los supuestos planteados y jugar a adivinar hasta que punto es soportable este modo de vida que, a cambio de lo que poco a poco se nos antojan como grandes sacrificios, promete la más absoluta felicidad.

     Comunismos, capitalismos, consumismos, deshumanización.. todas las formas de pensamiento tienen cabida en la mente del lector mientras se pasea por el mundo de Huxley. Y, en mi caso, todas me llevaron a la misma conclusión. Los seres humanos necesitamos una seña de identidad que nos haga individuales, y cualquier medio que la suprima, por mucho que nos ofrezca, nos acabará por resultar insoportable.

     ¿Qué opináis?

     Besos