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viernes, 16 de septiembre de 2016

Patria. Fernando Aramburu


     "Ahí va la pobre, a romperse en él. Lo mismo que se rompe una ola en las rocas. Un poco de espuma y adiós. ¿No ve que ni siquiera se toma la molestia de abrirle la puerta? Sometida, más que sometida."

     Desde que descubrí la voz narrativa de Aramburu, se ha convertido en uno de esos escritores a los que me gusta seguir. Por eso no dudé en anotarme este título de llamativa cubierta con paraguas rojo, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Patria.

     En esta novela conoceremos a dos familias, amigas y afines en muchos sentidos, la de Miren y Joxian y la de Bittori y Txato que residen junto a sus hijos cerca de San Sebastián. Una de ellas tiene la suerte de prosperar y la desgracia de que ETA se fije en ella para pedirle el impuesto revolucionario, la otra tiene a uno de sus hijos dentro de la organización, e inevitablemente, se produce una fractura, irreparable además desde el momento en que Txato muere asesinado.

     Hay que decir, por esto de comenzar de frente, que el hecho de que ETA mueva gran parte de los sentimientos expresados en la novela, es tan importante como anecdótico. Y con esto quiero destacar que no estamos ante una novela política, de hecho el autor, excepto tal vez en la parte en que toma la voz un escritor, llegando al final, procura no dar su opinión o juicio amparándose en capítulos cortos cuajados a su vez de frases cortas. Lo que relata esta novela en realidad, es la vida de dos familias en una sociedad y una época marcada por la existencia de esta lucha armada, pero también encontraremos situaciones cotidianas que nos resultarán tremendamente familiares. Y lo aclaro porque es importante no quedarse en un punto cuando se lee un libro y abarcar la historia completa. Es evidente que si comenzamos en el momento en el que se abandonan las armas definitivamente, y sabiendo que uno de los protagonistas ha sido asesinado, no se puede decir que sea un telón de fondo, ya que nos queda claro que va a marcar la historia. Pero es precisamente eso lo que refleja el autor, la infinidad de vidas y de situaciones que ha marcado la existencia de esta banda armada, y así lo vemos en los nueve protagonistas de Patria y también en los personajes satélite, alguno de los cuales marcará al lector nada más empezar a conocerlo.

     Aramburu nos muestra una fractura real en la que hay una familia que pierde a uno de sus miembros en un charco de sangre, una familia que se endurece en la figura de la ahora viuda que no encuentra o no parece lograr la forma de quedarse en paz y sus hijos Xabier y Nerea que salen de allí, con su marca, como una muestra indeleble que no podrá borrar el paso de los años incapacitándoles para algunas cosas o acaso olvidada mientras viven sus vidas. Del otro lado, la otra familia, la de Joxian y Miren y sus tres hijos, Gorka, escritor, homosexual, buscador de su lugar en este mundo que le ha tocado, Joxe Mari, el miembro de ETA, el detenido, el interrogado sin piedad, la fractura... y su hermana Arantxa, personaje que nos deja ver  el otro lado de una madre que se ha radicalizado solidaria con su hijo. Y es que esta es una novela con hombres, pero que destaca la fuerza de las mujeres, mostrando una sociedad marcada por el matriarcado en el que ellas eran como leonas que cuidaban de sus familias. Ambas heridas por distintos flancos, ambas rabiosas, una con una hija que va creciendo en la historia, la otra con su hija como talón de Aquiles.... mujeres. El autor, quizás en un afán de intentar evitar el victimismo fácil en el que se puede caer ante este tipo de temas, no duda en intentar mostrar todas las voces, todos los posibles, porque, y esta es mi opinión, siempre que se pueda hay que relatarlo todo. Y posiblemente eso, junto con una cronología desordenada que tiene momentos casi de crónica de vivencias sueltas, alternando incluso la persona del narrador, será lo que marque el realismo de una novela que no duda en mezclar nombres cuando lo considera necesario para recordarnos que lo que nos relata es una historia que está ahí, poblada de personas que aún viven y respiran y sienten. Quizás por ese realismo que conocemos tampoco necesita o quiere marcar una historia de buenos y malos, deja parte del trabajo al lector y por eso he pronunciado la palabra crónica. Crónica de un momento, de una sociedad, de víctimas, victimarios, padres e hijos, madres e hijas, juicios, amores, confesiones y creencias, la crónica de unas calles y también de los almas de quienes transitaron por ellas. aunque a ratos saber tanto, rizar tanto, exprimir tanto, haga que nos preguntemos si no ha forzado el duelo. Pero se le perdona, claro que sí.

     En un momento dado uno de los personajes se pregunta por qué no decir que su hijo es médico cuando otros presumen de otras cosas. Y tal vez sea eso lo que hace el autor en esta novela que recoge su propio testigo de Años lentos, para finalizar con un simbolismo que no escapará a los ojos de nadie, dejado ahí por esto de la esperanza o tal vez el cambio, ante los ojos del lector que se ha dedicado durante más de seiscientas páginas a juzgar por si mismo lo que Aramburu iba relatando. Y no me cabe duda de que hay una literatura que refleja la sociedad, que denuncia, que refleja lo que se vive, y que tal vez ese motivo sea suficiente para recomendar sus títulos. sin embargo, yo prefiero recomendar Patria por su buen hacer, su cuidada prosa, su autopsia distante de los personajes ante la mirada del lector. Prefiero recomendarlo por ser un buen libro. Y le auguro un gran futuro, ya que tiene una parte de folletín.

     Y vosotros, ¿os acercáis a libros contemporáneos alguna vez?

     Gracias.

viernes, 30 de mayo de 2014

Ávidas pretensiones. Fernando Aramburu




     "El coche fúnebre entró en Morilla del Pinar por la única carretera del pueblo. Juanjo Changa, que lo conducía escuchando canciones mexicanas a todo volumen, redujo la velocidad por si se terciaba comprobar en el semblante de algún lugareño los efectos de la ocurrencia. La ranchera que sonaba en aquellos momentos coincidió con el tintineo camparil, pueblerino, chiquitito, de las nueve."

     Fernando Aramburu es una de las voces sólidas de nuestra literatura. Lo mismo consigue meterte en una triste historia reciente, que te lleva a imaginar agencias de viajes con destinos como Antíbula y también consigue hacer reír. Al menos a mi. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Ávidas pretensiones.

     Viajamos a Morilla del Pinar, allí se celebran unas jornadas poéticas de tres días de duración. Un convento como sede y casi una treintena de poetas serán los ingredientes de esta novela galardonada con el Premio Biblioteca Breve en la que iremos conociendo a estos poetas y sus historias personales y enredos mientras dura el congreso.

     Alguna vez he comentado que no soy una persona que se ría con facilidad leyendo un libro. Bien, con este me he reído. Aramburu nos coloca un narrador que, evidentemente, tiene muy poco aprecio por sus personajes. Así que no puede evitar un soniquete a sorna en casi todas sus palabras que hace que incluso las partes dramáticas nos lleven la sonrisa a los labios. De este modo consigue que el narrador se convierta en una suerte de protagonista fantasma de una historia, en la que nos demuestra sus filias y sus fobias sin pudor alguno. Ya nos avisa nada más comenzar la novela de que no nos dirá que poetas se esconden tras los nombres, consiguiendo que fijemos nuestra atenta mirada en los detalles desde la primera página y provocando que nos preguntemos en quién pensaba el autor: no os molestéis, ya dijo que simplemente vio una convención así (o no así, simplemente eran poetas) en Alemania y de ahí partió la idea.

     Sumemos al tono y la ironía que destila, las rarezas, las historias y el ego que pueden destilar estos protagonistas y ya empezaremos a comprender lo que nos cuenta Aramburu. Pero no es simplemente eso, sino que también nos habla de las personas. No sé si habéis acudido a un congreso alguna vez, yo sí. Por supuesto no era un congreso tan lírico como este... pero algo tiene de verdad ese reflejo de microcosmos por unos días, ese mirarse unos a otros y hacer corrillos, reírse y meterse el dedo en el ojo y contar chistes y anécdotas sabiendo que otras nuevas se están fabricando en ese momento. Todo esto mezclado con las fantásticas formas que el autor ya nos ha demostrado que tiene más de una vez, es lo que nos deja en Ávidas pretensiones. Y unas cuantas cosas más, si nos paramos entre sus afiladas letras.

     Es viernes y os propongo conocer a Changa, Susana, Charli o La Nivea en una historia que entre tonos de humor, chistes incluidos, nos deja ver momentos dramáticos. Una novela francamente divertida que, os aviso, puede hacer que soltéis una carcajada en mitad de una sala de espera, por poner un ejemplo. Pero digo yo, ¿a quién no le gusta reír?

     Y vosotros, ¿me podéis decir un libro que os haya hecho reír?

     Gracias

viernes, 3 de febrero de 2012

Entrevista con Fernando Aramburu. Premio Tusquets 2.011


     Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) Ha ganado hace apenas unos meses el Premio Tusquets con su novela Años lentos. En esta novela nos cuenta la vida de un niño de 8 años que va a vivir a San Sebastián a finales de los sesenta. Nos muestra su realidad, una realidad en que su tío pasa los días en la taberna y su primo es adoctrinado por el cura de la parroquia que acaba adentrándolo en una ETA que está en sus comienzos.
     El autor cuenta además con tres libros de relatos y cinco novelas y ha sido distinguido con múltiples galardones a lo largo de su carrera literaria.


     - No puedo evitar al situar la novela, el preguntarme cuánto hay de experiencias, de memoria personal en este libro calificado ya como un ejercicio de memoria colectiva.
     - Abrí como quien dice el baúl de los recuerdos para escribir Años lentos. En ningún caso porque me hubiera propuesto contar episodios con intención autobiográfica, sino pura y simplemente porque incorporé a la historia narrada el barrio de San Sebastián donde me crié y la época en que transcurrió mi infancia.
     - ¿Cómo era San Sebastián en esa época?
     - Era una ciudad apacible de provincias, sometida como tantas otras al marasmo político y cultural impuesto por la dictadura de Franco. Tenía un nivel de vida aceptable, dentro de la modestia general, y la ventaja de que Francia quedaba cerca, lo que permitía echar un vistazo sin intermediarios oficiales y sin censura a lo que ocurría en el mundo civilizado.
     - ¿Este libro formará finalmente parte de una trilogía?
     - No. Este libro es una pieza suelta. Ahora bien, si nada se tuerce me gustaría contar otras historias protagonizadas por gente de mi país y dar con ellas una idea personal del tramo de historia que me tocó vivir.
      - Con la temática que lleva tocando en varias de sus obras, ¿no teme que se le juzgue no sólo como escritor sino por su opinión política?
     - Dudo mucho que mis opiniones políticas, que son todo menos fijas, se trasluzcan de mi trabajo literario. Soy, políticamente hablando, un simple votante. Otra cosa muy distinta son mis convicciones morales, sin las cuales, efectivamente, mis libros no habrían sido escritos.
     - Al recibir el premio comentó que los autores vascos no son libres ¿me lo puede explicar?
     - Si usted tiene que salir a la calle con escoltas, si recibe un paquete bomba o una llamada telefónica amenazante, o le disparan o tiene que abandonar su tierra porque es objeto de acoso y persecución, usted no es libre. Otra posiblidad de sobrevivir y ahorrarse problemas, cuando un grupo humano vive sometido al terror, es guardar silencio. Otra es comprender, aplaudir, apoyar, ejercer el terror.
     - Cómo se enfrenta uno al reto de escribir sobre una herida abierta como es ETA?
     - No veo reto ninguno, sino responsabilidad cívica, rechazo de la violencia y compasión con quienes la sufren. Es una simple cuestión de decencia. Ya le digo que mis estímulos, además de literarios, son de índole ética.
     - Lleva muchos años fuera de España, ¿no lo añora? ¿Le traerá por nuestro país la promoción de Años lentos?
     - Viajo a España con cierta regularidad. Por eso y porque tengo conciencia de que mi sitio está en otra parte, me he vuelto inmune a la nostalgia.
     - ¿Cómo es leerse a uno mismo traducido al alemán?
     - Me causa extrañeza. Es como ver a un hijo disfrazado. Ves que, en efecto, es tu hijo, pero que te lo han cambiado y cuesta reconocerlo.
     - Desde la perspectiva que otorga la distancia, ¿Cómo ve el panorama literario de España? ¿Llegan allí autores contemporáneos?
     - Antes llegaban más, quizá porque España, a raíz de su ingreso en la Unión Europea, despertaba curiosidad. Esa racha ha pasado o ya no es tan intensa. Por lo demás yo no estoy pendiente de ningún panorama literario. Picoteo libros, leo los de los amigo, pero juzgo que todo esto es insuficiente para lanzar un veredicto fiable sobre lo que se está publicando ahora mismo en España. Es imposible estar al día.
     - Y finalmente, no puedo irme sin preguntarle qué está leyendo usted ahora.
     - Conseguí encontrar en una librería de lance el último título de Sven Hassel de la colección Reno que me faltaba, Comando Reichsführer Himmler, y aunque no me parece tan logrado como otros suyos, lo estoy disfrutando en estos días nevados en que no apetece salir a la calle.

     Muchas gracias Fernando por la oportunidad que me ha dado como lectora suya de conocerlo un poco más y poder hacerle todas esas preguntas que uno tiene al autor de un libro que le ha resultado impactante de alguna forma y que, normalmente, no tenemos oportunidad de hacer. Enhorabuena por el premio y por este libro que hoy llega a las librerías.

     Y, como siempre, gracias a todos vosotros.

     Obras de Fernando Aramburu :
 - Fuegos con limón
 - No ser no duele
 - Los ojos vacíos
 - El artista y su cadáver
 - El trompetista de Utopía
 - Mariluz y los niños voladores
 - Vida de un piojo llamado Matías
 - Bami sin sombra
 - Los peces de la amargura
 - Viaje con Clara por Alemania
 - El vigilante del Fiordo
 - Años lentos

     

jueves, 2 de febrero de 2012

El vigilante del fiordo. Fernando Aramburu


     "El viernes pasado fallecí. No me es posible precisar la hora en que mi débil corazón latió por última vez. Ciertos indicios me inducen a pensar que el suceso debió de ocurrir en el transcurso de la tarde. A medio día sin duda alguna yo respiraba. Recuerdo las campanadas de las doce en el reloj del comedor, también recuerdo que mas tarde, una mano trató en repetidas ocasiones de introducir una cucharada de sopa de gallina en mi boca sin conseguirlo. A partir del intento frustrado por alimentarme, mi conciencia se fue abandonando poco a poco al sopor de la agonía. De ahí que no esté sino de forma parcial al tanto de las circunstancias relativas a las horas finales de mi existencia".

     Para quienes no conocéis a este autor diré que es el reciente ganador del premio Tusquets con el libro Años lentos. Su obra más conocida es Los peces de la amargura, un libro difícil que trata el terrorismo sin tapujos, atragantándosenos las letras que reflejan la cara mas fea de la realidad de muchos. Sin embargo yo me estrené con el autor hace un tiempo de la mano del libro que traigo hoy. Un libro que me llamó la atención por su título y portada y que compré por un impulso y que hoy traigo porque descubrí a un autor de esos que no dejan indiferente a su lectura y que, precisamente por eso recomiendo. Al terminar esta obra seguí con sus peces y a partir de ahí he ido leyendo los títulos que voy teniendo a mi alcance. Pero hoy traigo a mi estantería virtual el que fue para mí el primero, traigo El vigilante del fiordo.

     Es un libro formado por 8 cuentos, o relatos si preferís, a mi me gusta más la palabra, y que viene ilustrado con una portada espectacular en la que vemos soledad y vértigo, casi angustia ante esa figura solitaria ante el abismo. Y un poco de ese modo me moví ante los relatos del libro.
     Es muy difícil sintetizar un libro de relatos sin caer en la tentación de irlos contando uno por uno sin dejar al lector nada por descubrir, haciendo una suerte de listado que resta interés de lo que en este caso es un libro lleno de sentimientos y sensaciones. Hay dolor, angustia, miedos, decadencia, miseria y también ironía como forma de humor. No podría ser de otro modo si comenzamos con un relato en que la muerte se viste en forma de Chavales con gorra de los que hay que huir y que nos consiguen hacer sentir angustiados ante la posibilidad de ese acoso, y terminamos con un hombre que asiste a su propio entierro que nos hace desear que continúe hablando y nos diga que morirse no es así y que sólo ha sido un sueño.

     Hay terrorismo, un tema recurrente en este autor, tenemos el relato inicial o a El vigilante del fiordo, encargado de hacer justo eso ya que pueden pasar terroristas dando nombre al volumen e inspirado en un triste suceso ocurrido en 1989 o Carne rota, un collage sobre el 11 m que encoge el corazón en los pequeños detalles, sin buscar los sentimentalismos sino la anticipación. Nos muestra de una forma dura y descarnada la violencia terrorista, la represión y sus consecuencias desde el lado de las víctimas. Pero también hay padres separados, citas concertadas y mujeres en metro en este fascinante libro que me sirvió como toma de contacto con Fernando Aramburu ; haciéndome sentir como aquel que descubre un tesoro, y lo comparte como tesoro que es con orgullo de haberlo encontrado. Luego, al ver que mi tesoro era de dominio público seguí descubriendo ahora al autor a través de sus letras y por eso lo comparto hoy con vosotros. Mañana sale a la venta Años lentos y por eso aprovecho hoy para presentaros al autor a los que no lo conozcáis. Un autor español indispensable en el panorama actual, una forma de contar historias que hace que perduren tras cerrar el libro.

     ¿Lo conocíais?

     Gracias